La despedida del mejor jugador del mundo pone fin a una trayectoria de 7.720 días transcurridos desde aquel infortunado debut juvenil en Budapest frente a Hungría, donde apenas pudo disputar segundos antes de ver la tarjeta roja. Lejos de aquel bautismo agrio con la camiseta número 18, el recorrido posterior se transformó en una leyenda viva plagada de récords absolutos, marcas inalcanzables y momentos imborrables que culminaron con la reciente consagración y el camino recorrido hasta el Mundial 2026.
A lo largo de 207 partidos oficiales con la mayor, el capitán consolidó estadísticas descomunales que lo ubican indiscutiblemente en la cima histórica del fútbol nacional, destacándose con 125 goles que lo consagran como el máximo artillero histórico —superando ampliamente la línea de Gabriel Batistuta—, además de aportar 68 asistencias y liderar la era más ganadora de la albiceleste con cuatro títulos resonantes que incluyeron dos Copas América, la Finalissima y la esperada Copa del Mundo en Qatar.
En la previa de su última función y tras reflexionar en sus redes sociales con la sensibilidad que lo caracteriza sobre lo mucho que extrañará las concentraciones y el día a día en el predio de Ezeiza, el astro rosarino cierra un círculo de fidelidad absoluta hacia los colores patrios. Como bien lo definió el propio capitán al parafrasear al músico Fito Páez, se trata de recuerdos que no se van a olvidar jamás, sellando un pacto eterno de gratitud incondicional entre el ídolo indiscutido y un país entero que hoy le dice gracias por tanto fútbol.

