El escenario macroeconómico argentino muestra una marcada paradoja: mientras la administración central resalta los indicadores de estabilidad monetaria y la desaceleración del índice de precios, el engranaje del crédito doméstico continúa paralizado. El economista Sebastián Menescaldi, director de la consultora Eco Go, analizó pormenorizadamente los factores estructurales que impiden que los niveles de liquidez de las entidades financieras se traduzcan en financiamiento concreto para el consumo familiar y la inversión corporativa.
De acuerdo con el especialista, el freno no obedece exclusivamente a una falta de voluntad por parte de los directorios bancarios para otorgar asistencias, sino a una degradación profunda en el perfil de riesgo de los solicitantes. La acumulación de meses de recesión y pérdida de poder adquisitivo erosionó la calidad crediticia de la población, reduciendo de manera drástica el universo de sujetos considerados aptos o confiables por los departamentos de riesgo de las entidades.
El mapa de la morosidad: 45 de cada 100 solicitantes registran antecedentes negativos
Los registros estadísticos correspondientes a los últimos 24 meses exponen el grado de fragilidad financiera que exhiben los hogares argentinos al momento de presentarse en las ventanillas bancarias:
- Clientes con perfil limpio: De cada 100 personas que inician una solicitud de asistencia financiera, apenas 55 logran acreditar un comportamiento de pago perfecto y sin demoras en el sistema.
- Clientes con historial afectado: Los restantes 45 solicitantes registran algún tipo de incumplimiento, mora o refinanciación forzada en su historial consolidado del Banco Central, lo que activa las alarmas de los bancos y bloquea la aprobación de los legajos.
Descalce de plazos y el destino de la liquidez del sistema
El circuito tradicional que debería dinamizar la actividad económica interna se encuentra interrumpido. Bajo condiciones normales, las divisas genuinas provenientes de las exportaciones y la liquidez circul

