Un extenso derrotero judicial que se prolongó por más de diez años llegó a su fin en el plano penal, trayendo un postergado alivio para la familia afectada. El empresario Pablo Torres Lacal quedó formalmente detenido tras entregarse ante las autoridades policiales de la localidad bonaerense de San Isidro. La reclusión se hizo efectiva de manera inmediata luego de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazara por unanimidad el último recurso de queja de su defensa, dejando firme la condena a nueve años de prisión de cumplimiento efectivo por el delito de triple homicidio con dolo eventual.
El trágico episodio que originó la causa ocurrió a fines de marzo de 2016 en los canales del Delta del Tigre, un hecho de enorme repercusión pública debido a que entre las víctimas fatales se encontraba Manuel Storani, un adolescente de 14 años e hijo del histórico dirigente radical y exministro del Interior de la Nación, Federico Storani. Con el fallo del máximo tribunal del país, el Servicio Penitenciario Federal (SPF) procederá en las próximas horas a asignarle la unidad carcelaria definitiva donde Torres Lacal deberá purgar la pena que le fuera impuesta por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 a finales de 2023.
El derrotero judicial y las palabras de Federico Storani
La detención del responsable material del choque hídrico debió sortear múltiples instancias de apelación por parte de los abogados corporativos del imputado, quienes intentaron dilatar la ejecución de la pena mediante planteos en todas las escalas de la justicia bonaerense y nacional:
* Apelaciones sistemáticas: Tras el veredicto condenatorio del tribunal ordinario, la Cámara de Casación Bonaerense ratificó la sentencia. Posteriormente, en septiembre de 2025, la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires desestimó los recursos extraordinarios, obligando a la defensa a acudir en queja ante la Corte Suprema de la Nación, donde los ministros Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti clausuraron definitivamente la vía de escape legal.
* El descargo familiar: Tras conocerse la detención, el exdiputado nacional Federico Storani rompió el silencio y expresó el cúmulo de sensaciones que atraviesa su entorno íntimo. “El proceso fue extremadamente largo, transitado con un profundo dolor y angustia. Siento un gran alivio por el deber cumplido con amor y tesón hacia la memoria de mi hijo", manifestó el dirigente, asegurando que ahora intentará recordarlo de la mejor manera tras haberse alcanzado la justicia material.
Crónica de una imprudencia criminal a alta velocidad en el Delta
El hecho de sangre ocurrió la medianoche del 31 de marzo de 2016. El joven Manuel Storani regresaba de una cena familiar a bordo de la lancha "Mad II" junto a su madre, Ángeles Bruzzone, y otras cuatro personas, navegando a velocidad reglamentaria por las aguas del Canal Vinculación.
De manera imprevista, sin luces de posición encendidas y violando las normas elementales de la navegación nocturna, apareció en el centro del cauce la embarcación de gran porte "Shark II", timoneada a máxima potencia por Torres Lacal, quien viajaba acompañado por dos amigos hacia un bar de la zona isleña. El impacto de la lancha del empresario fue directo y sorpresivo en la línea media del casco de la "Mad II", precisamente sobre el sector de babor donde se encontraban sentados el adolescente y su progenitora, quienes perdieron la vida de forma casi instantánea producto de severos traumatismos de cráneo y cuello. El cuerpo del menor fue hallado en aguas del río Luján tras tres intensas jornadas de rastrillaje civil y de Prefectura Naval.
Además de Manuel y Ángeles, en el choque falleció Francisco Javier Gotti, amigo y acompañante del propio Torres Lacal dentro de la lancha embestidora. Durante las audiencias del juicio oral, múltiples testigos ratificaron que los tripulantes de la embarcación "Shark II" presentaban un estado de alteración y excitación manifiesta antes de subirse al comando de la nave, habiendo consumido bebidas alcohólicas y navegando de forma temeraria, elementos determinantes para que los jueces encuadraran la conducta bajo la figura de dolo eventual, entendiendo que el conductor se representó el daño letal que podía causar y, a pesar de ello, continuó con su accionar negligente.

