Al cabo de una extenuante pulseada que se extendió durante más de tres meses, el peronismo llegó a un muy trabajoso acuerdo que permitió designar las autoridades de las comisiones en las cámaras de Diputados y Senadores bonaerenses, lo que parecía un dato auspicioso: muchos pensaron que se ponía fin a la parálisis legislativa que lleva tres meses. Pero fue apenas una ilusión: la pelea de fondo es tan fuerte que el funcionamiento de ese poder clave de la arquitectura institucional seguirá afectado, lo que congela una agenda tan relevante que incluye cuestiones como la situación de cuasi quebranto que enfrentan algunos municipios, el modo en que se votarán el año que viene o la conformación de la Suprema Corte de justicia.
El Senado es la cámara donde la descarnada pelea entre las tres tribus del peronismo es más intensa. Fue allí donde el acuerdo costó más. Y fue también allí donde se produjo el episodio que alienta la mirada escéptica sobre el futuro inmediato. Los protagonistas fueron la vicegobernadora Verónica Magario, que en la interna juega con Axel Kicillof; el senador Sergio Berni, presidente del bloque de Fuerza Patria, en teoría un oficialista por lo tanto alineado con Magario; María Luz Bambaci, legisladora de La Libertad Avanza que responde a Patricia Bullrich y Sergio Vargas, de Unión y Libertad, el bloque de Carlos Kikuchi, menemista histórico que se peleó con Javier Milei y ahora lo enfrenta.
En lo esencial, lo que ocurrió es que Magario, en su rol de presidenta del Cuerpo, cerró un acuerdo básico, cuasi institucional, con LLA para que Bambaci ocupara la vicepresidencia de la Comisión de Asuntos Constitucionales y así terminar de distribuir el poder en la cámara Alta. La idea era comenzar a sesionar. Pero Berni, en vez de apoyarla, amenazó con desconocer lo actuado. Al punto que promovió una nota contra la resolución de la Vicegobernadora. El desenlace fue estrambótico: Berni, que a fines del año pasado ya había amagado con judicializar una resolución de Magario, aprovechó una reunión que se realizó por zoom a la que Bambaci por algún motivo no logró acceder, para postular a Vargas, tras lo cual dio cerrado el asunto.
La cuestión tiene por supuesto un costado reglamentario, que habilita una discusión acaso bizantina. Pero lo central está en otro lado: la virulencia del enfrentamiento entre un senador cristinista y la vicegobernadora axelista expone que el nivel de fractura interna en el oficialismo hará muy difícil el avance en una agenda parlamentaria que acumula asuntos pendientes de gran calado. En esa comisión, por caso, se cocinan los pliegos con nombramientos para el poder judicial, entre ellos los de la Suprema Corte, que viene funcionando con cuatro sillones vacíos sobre un total de siete miembros, lo que ya motivó un pedido público de sus ministros para avanzar con las designaciones correspondientes, que por supuesto nadie atendió.
Otro de los temas que se demoran en esta legislatura paralizada, en la cual Diputados logró sesionar, pero con una agenda apenas cosmética, tiene que ver con la complicada situación financiera de los municipios. Marcelo Daletto, exlegislador que ahora forma parte del directorio del Banco Provincia, difundió cifras de terror: una caída real -descontando inflación- de las transferencias nacionales del 5,1% y provinciales de 3,8%. La prestación de servicios básicos es cada vez más difícil y son varios los alcaldes que se preguntan cómo hacer para pagar el medio aguinaldo en ese contexto. Pero un que implica modificar en Fondo de Emergencia provincial para las comunas está en veremos porque no hay cómo hacerlo votar en la Legislatura.
La reforma política es otra de las cuestiones que no se resuelven: el uso de la boleta única electrónica o la definición sobre las primarias abiertas, simultáneas y obligatoria también.
Pero lo central de esta coyuntura es que nada indica que vaya a resolverse, al menos en lo inmediato. Lo de Magario y Berni apenas es un emergente que se entienden en contexto: las últimas gestiones para que Kicillof y Máximo Kirchner se encuentren no avanzaron un milímetro desde que se dieron a conocer. Y cada tribu funciona en un universo paralelo: el axelismo diseña el cronograma de despliegue de la candidatura del gobernador -próximas paradas la Corrientes del radical Valdés y el lanzamiento de la juventud del MDF con Ayelén Katopodis, la hija del ministro, en rol estelar-; el cristinismo profundiza el reclamo para que “Cristina Libre” sea el eje de la campaña y lo usa como ariete contra el gobernador; el massismo bascula entre ambos.
Las desavenencias no se dan solamente en el peronismo, claro. Los libertarios también tienen lo suyo: a nivel nacional, con la doble pelea entre Las Fuerzas del Cielo y el karinismo, y entre todos ellos y Patricia Bullrich. Una tensión que la puesta en escena del 25 de mayo, más que disimular, expuso. Y en provincia también hay ruidos. Una evidencia de eso varios dirigentes libertarios la encuentran en lo que ocurrió en el Senado: ¿por qué nadie defendió a Bambaci de la embestida de Berni? Hay quienes creen que fue un “vuelto” de Sebastián Pareja a Bullrich por su desmarque de Javier Milei en el caso Adorni, jugada que sembró duda sobre una posible candidatura presidencial de la senadora.

