La pulseada entre el Gobierno Nacional y los sindicatos alcanzó su punto máximo de tensión. Mientras el oficialismo, encabezado en la Cámara Baja por la jefa de bloque libertaria Patricia Bullrich, busca convertir en ley la reforma laboral este mismo jueves sin aceptar modificaciones, la CGT comenzó a debatir seriamente la convocatoria a un paro general.
El endurecimiento de la postura sindical cobró fuerza tras la media sanción en el Senado. Sectores "duros" de la central obrera, como la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) liderada por Abel Furlán, ya han votado medidas de fuerza propias y presionan a la cúpula de la CGT para unificar el reclamo en una huelga nacional que coincida con el tratamiento del proyecto en Diputados.
El detonante: las bajas por enfermedad
Si bien la reforma ya era resistida, el punto de quiebre fue la incorporación de último momento de un cambio en el régimen de licencias por enfermedad e incidentes inculpables. Según el texto aprobado por los senadores, los trabajadores que falten por motivos de salud sufrirán un descuento del 25% en sus haberes.
Este ítem no solo enfureció a los gremios, sino que generó fisuras internas en el propio oficialismo. Voces del Ejecutivo y legisladores se cruzaron reproches por la autoría de un artículo que hoy es el principal combustible del conflicto social, aunque las críticas se mantienen por ahora bajo estricta reserva en los pasillos de la Casa Rosada.
Definición en tiempo real
Desde la conducción de la CGT aclararon que los máximos dirigentes mantienen contacto permanente. "No hay dificultades operativas para lanzar un paro de urgencia", advirtieron, dejando la puerta abierta a un anuncio oficial en las próximas horas.
La estrategia del Gobierno es clara: votar el jueves para evitar que el proyecto regrese al Senado y se dilate su aprobación. Sin embargo, esta celeridad es precisamente la que activa los mecanismos de protesta de una central obrera que, hasta hace una semana, parecía optar por una resistencia más fragmentada.

