La noticia del fallecimiento de Darío Lopérfido sacudió este viernes el ámbito político y cultural de la Argentina. El ex ministro de Cultura porteño y ex director del Teatro Colón murió como consecuencia de la ELA, una enfermedad neurodegenerativa que él mismo había revelado meses atrás con una honestidad brutal, fiel al estilo directo que mantuvo durante toda su carrera pública.
Trayectoria en la función pública
Lopérfido fue un protagonista clave de la escena política desde la década del 90, integrando círculos de poder que buscaron renovar la imagen de la dirigencia tradicional:
- Sus inicios: Comenzó en el Centro Cultural Ricardo Rojas y saltó a la Secretaría de Cultura de la Ciudad bajo la gestión de Fernando de la Rúa.
- El Grupo Sushi: Durante la presidencia de la Alianza, integró el núcleo joven de asesores presidenciales, simbolizando una estética urbana y cosmopolita que marcó esa época.
- Gestión en el PRO: Años más tarde, regresó a la función pública como Ministro de Cultura de la Ciudad y director general del Teatro Colón bajo la jefatura de Mauricio Macri.
- Diplomacia: Su último cargo oficial fue como representante cultural de la Argentina en Berlín en 2017.
Un estilo marcado por la confrontación
A lo largo de su vida, Lopérfido no esquivó el conflicto y se convirtió en una figura polarizante que desafió consensos establecidos en la sociedad argentina:
- Polémicas históricas: Sus declaraciones cuestionando las cifras de desaparecidos durante la última dictadura militar generaron un fuerte repudio social que culminó en su salida del ministerio en 2016.
- Gestión Cultural: Defendió la profesionalización y las coproducciones internacionales en el Teatro Colón, aunque enfrentó fuertes disputas con los sectores sindicales.
- Perfil Liberal: En sus últimos años, se consolidó como un referente de las ideas liberales, participando activamente en medios y foros de opinión.
Vida personal y la lucha contra la ELA
Su vida privada también estuvo bajo el foco mediático, desde su relación con la recordada artista María Gabriela Epumer hasta su matrimonio con Esmeralda Mitre. Sin embargo, su intervención más humana y cruda se dio recientemente a través de un artículo donde describió el avance de su enfermedad.
"Tener ELA es una mierda", escribió con crudeza, rechazando la "épica" de la lucha contra la enfermedad y prefiriendo una visión pragmática sobre el final de la vida. Esa franqueza final fue leída por muchos como su última gran declaración de principios: la de un hombre que prefirió la verdad incómoda antes que el relato consolador.
Legado y repercusiones
Su partida deja un vacío en el debate cultural argentino. Para sus seguidores, fue un modernizador que buscó elevar el nivel de la gestión pública; para sus críticos, una figura que rompió límites éticos en temas sensibles. Lo cierto es que, a los 61 años, desaparece un hombre que nunca pasó inadvertido y que defendió sus ideas hasta el último aliento.

