Las tradicionales panaderías de barrio atraviesan una crisis sin precedentes, con 620 locales cerrados solo en la provincia de Buenos Aires y un total de 1.700 cierres a nivel nacional desde que Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023. Según la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), el consumo de pan, un alimento esencial en la mesa argentina, se desplomó un 50% en el último año y medio, mientras que las ventas de facturas cayeron un alarmante 85%, empujando al sector a operar al 60% de su capacidad.
Un Sector al Borde del Colapso
El presidente del Centro de Panaderos de Merlo y referente de CIPAN, Martín Pinto, describió un panorama desolador: “La industria panadera opera muy por debajo de su capacidad instalada”. La producción de productos panificados se redujo a la mitad, lo que dificulta la supervivencia de los comercios. “El consumo de pan, un alimento básico y de primera necesidad, cayó un 50% en el último año y medio”, señaló Pinto, atribuyendo esta crisis al impacto económico desde la asunción de Milei.
Facturas en Caída Libre
La situación es aún más grave para las facturas, un ícono de la gastronomía argentina. Según Pinto, las ventas se derrumbaron un 85%, al punto que “ya ni siquiera se venden las facturas del día anterior, con un 50% de descuento”. Las panaderías han reducido su oferta a productos básicos y producen solo por pedido, apagando heladeras para evitar pérdidas, lo que refleja la drástica contracción del mercado.
Precios en Alza y Costos Insostenibles
El precio del kilo de pan ya supera los $3.000 en promedio, mientras que una docena de facturas arranca en $9.000, con aumentos proyectados para los próximos meses. Los costos de producción, que en dos años se incrementaron hasta un 2.000%, volvieron a subir recientemente, presionando aún más a un sector que lucha por mantenerse a flote. “Es muy complejo sobrevivir con esta caída del consumo y costos disparados”, lamentó Pinto.
Un Futuro Incierto para las Panaderías
La combinación de una caída del consumo, aumento de costos y falta de políticas públicas de apoyo ha llevado a las panaderías a una situación límite. Los cierres, que representan un tercio del total nacional en la provincia de Buenos Aires, afectan no solo a los comerciantes, sino también a los empleos y a los barrios que pierden un servicio esencial. La industria panadera enfrenta un futuro incierto, con el riesgo de más cierres si no se toman medidas urgentes.

