18/10/2020 | 11:00         
ARGENTINA-MUNDO
(Columna) La miseria del odio
En nuestra sociedad agobiada por el estancamiento de décadas, donde la desigualdad destruye los proyectos de buena vida y la vulnerabilidad en el trabajo, en el hogar o en la calle arrincona, junto a la pandemia, a millones cotidianamente; el odio busca instalarse en el vocabulario político.
(Columna) La miseria del odio

Por Martín Hourest*(Especial para NA) -- En nuestra sociedad agobiada por el estancamiento de décadas, donde la desigualdad destruye los proyectos de buena vida y la vulnerabilidad en el trabajo, en el hogar o en la calle arrincona, junto a la pandemia, a millones cotidianamente; el odio busca instalarse en el vocabulario político.

Desde distintos lugares el odio es utilizado como un arma arrojadiza. Siempre los otros son el odio. Como en el juego infantil "Dicen que tal lo tiene ¿Yo señor No señor, ¿Pues entonces quien lo tiene?". Pero traer al odio como ejercicio es peligroso cuando sobra frustración, resentimiento.

En el mundo las apelaciones al odio (racismo, sexismo, xenofobia, etcétera) se alimentan del empeoramiento de las sociedades frente a la opulencia de minorías.

Terrible paradoja, las democracias sin soberanía (sin poder) frente a los mercados y las minorías, resultan impugnadas cuando mas necesarias resultan.

Un mundo más igualitario, diverso y participativo frente a este que destruye humanidad y naturaleza. Discutir desde el odio es empobrecer, aun mas nuestra sociedad.

En efecto, desde campos de "odiadores" se maltrata y empuja a millones a opciones en que no creen, hace despreciar las diferencias y persigue y ahoga a los disidentes. Una pauperización adicional.

Las elites que desde la política revolean el odio sobre los otros trabajan en una actividad "berreta", hipócrita y peligrosa.

El rentismo del odio, aunque genere beneficios de corto plazo, convierte a muchos políticos en aprendices de brujo que pueden abrirle la puerta al neofascismo.

¿Alguien puede decir que el odio sirve para debatir y proponer soluciones, ampliar derechos, garantizar trabajo e ingresos, establecer impuestos progresivos, plantear un nuevo pacto ambiental, apostar a una educación y una salud públicas universales de excelencia, garantizar vivienda y seguridad, instalar una ética pública no negociable ,construir una justicia cercana y no corrupta, ampliar la protección social y proveer de bienes comunes de calidad?.

¿O el odio, como violencia de las emociones, barre toda posibilidad de consideración de alternativas, de reconocimiento de intereses diversos y contrapuestos y aprisiona, torturando, a la sociedad en los "campos de odio" que otros armaron en beneficio propio?.

El odio y sus usos le permiten a las elites políticas, económicas y sociales esconder sus terribles fracasos.

Incendian la casa para encubrir sus errores y limitaciones.

La política democrática es una integración de afectos e ideas.

Afectos, que es lo que nos duele (obvio que los millones de postergados, en todos los aspectos, es lo que mas nos duele) y lo que deseamos. Ideas, que son la construcción de futuros mediados por nuestras acciones.

Romper nuestra constitución de razones deseantes es construir, aunque inadvertidamente, una sociedad autoritaria.

En ella, no ganan ni los mas, ni los que tienen menos, ni los que expresan diferencias.

Insistamos, para persuadir, en las ventanillas del odio no se tramita ninguna de las soluciones ni de las políticas que construyen mas igualdad y mas libertad.

En estos tiempos en que el poder del capital y la depredación ambiental no tienen miedo; la democracia debe enfrentarlos con lucidez, imaginación y coraje.

Finalmente, un pedido, a los conservadores populares en el gobierno y a los neoliberales en la oposición, ya es insostenible que no hayan sido capaces de sacarnos de la decadencia y el desprecio; no quieran someternos a la miseria moral del odio.

(*) - Economista, ex legislador porteño.

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