27/6/2020 | 10:59         
AGRO
Cerdá: “El actual modelo de producción es drogodependiente”
Eduardo Cerdá es ingeniero agrónomo recibido en la Universidad Nacional de La Plata, y el principal referente del RENAMA, una red de municipios comprometidos con la agroecología a la cual pertenece Rojas.
 Cerdá: “El actual modelo de producción es drogodependiente”
Declaraciones de Eduardo Cerdá, designado Director Nacional de Agroecología

(Con entrevista cortesía de InterNos )Eduardo Cerdá es ingeniero agrónomo recibido en la Universidad Nacional de La Plata, y el principal referente del RENAMA, una red de municipios comprometidos con la agroecología a la cual pertenece Rojas.

De a poco se va haciendo evidente que la agroecología avanza en nuestro país. No necesariamente rápido ni de manera exponencial; más bien se trata de un modelo productivo que camina a paso firme, traccionado por consumidores más interesados que nunca en la forma en que se produce el alimento y por productores que comienzan a revisar su estructura de costos y sus prácticas diarias en el campo. El creciente interés por este modelo productivo se ve reflejado en la creación de la Dirección Nacional de Agroecología, la cual estará presidida por Eduardo Cerdá.

El profesional cuenta con una vasta experiencia en esta actividad: desde hace veintiocho años asesora a un establecimiento agroecológico llamado La Aurora, en Benito Juárez, al sur de la provincia de Buenos Aires, el cual fue destacado por la FAO.

Si bien circuló en varios medios de comunicación, la noticia todavía no es oficial. Las primeras semanas de gestión del gobierno nacional estuvieron enfocadas en atender una situación de crisis y, por esto mismo, muchas nuevas designaciones fueron “frenadas” por el ministro de Economía Martín Guzmán, principalmente como un gesto político en tiempos de solidaridad social. No obstante, la Dirección Nacional de Agroecología será un hecho en los próximos meses (el control de la pandemia COVID-19 jugará su parte) y estará bajo la órbita de la Secretaría de Alimentos y Bioeconomía. En un principio se especulaba con que sea la Secretaría de Agricultura Familiar la que absorbiera dicha área, pero finalmente se decidió que la misma tenga una perspectiva más integradora con el concepto de alimentación.

Eduardo Cerdá, quien asumirá un estimulante desafío en la función pública, es además el presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama), organización que actualmente trabaja con unos treinta municipios de las distintas regiones productivas del país. En total, Renama incorpora a unos 170 productores, los cuales reúnen unas 86.000 hectáreas bajo suelo agroecológico. “Esta no es una práctica alternativa. Por el contrario, es la agricultura de los próximos años”, dijo Cerdá al comenzar la charla con InterNos.

–¿Por qué considera que la agroecología es, definitivamente, la agricultura de los próximos años?

–Hay un cambio fuerte de paradigma. El modelo de producción actual fue importante en su momento, donde aparecieron los fertilizantes, los herbicidas y se produjo una fuerte innovación tecnológica. Eso representó por un tiempo un aumento en la producción. Pero la continuidad de ese modelo nos ha traído muchos problemas en cuanto a pérdidas del suelo (manifestado por el INTA, se ha perdido más del 50% de la materia orgánica del país) y aumento de malezas resistentes. Esto último ha hecho que se necesite mayor cantidad de agroquímicos para controlarlas, lo que significa a su vez el aumento de costos por encima de los rendimientos. Y eso dejó a una gran cantidad de productores fuera del juego. Como país, en la década del noventa utilizábamos 38 millones de litros de agroquímicos y actualmente, con el doble de la superficie trabajada, estamos en 500 millones de litros. Además, los productores se van dando cuenta de lo que implica estar en contacto con esas sustancias que, se decía, no generaban intoxicación aguda. Pero resulta que el problema era su toxicidad crónica, es decir, la que genera una larga exposición a los productos.

–¿La incorporación de las Buenas Prácticas Agrícolas no ha sido un paso importante para producir cuidando el medio ambiente y la salud de los productores?

–Las Buenas Prácticas Agrícolas deben ir acompañadas de un programa de disminución de uso de agroquímicos, porque sino, no estamos hablando de ninguna mejora. Si lo único que estamos diciendo es que los productos hay que aplicarlos con cuidado, pero a su vez aumentamos la cantidad, eso quiere decir que nuestro sistema se encuentra desequilibrado y lo estamos restableciendo a base de sustancias químicas. Por eso digo que es un modelo drogodependiente; si los agroquímicos fueran fitoterapéuticos se usarían cada vez menos y la ecuación es que se usan cada vez más. En cambio, el modelo agroecológico tiende a una disminución de insumos.

–¿Cuáles son las principales barreras para la implementación de la agroecología?

–Las barreras son culturales. Cuando un productor tradicional ve que los rendimientos no son los de antes pero que sus costos aumentan, se empieza a preguntar qué tiene que hacer para mejorar.    Pero eso implica una formación. Al principio, que te quieran cambiar la manera en que siempre trabajaste puede resultar molesto. Podes conflictuarte o incluso creer que los productos químicos son inocuos. Por eso nuestra modalidad de trabajo ha sido de persuasión, de ofrecer herramientas. También buscamos facilitar encuentros para que los productores agroecológicos puedan contarles a otros colegas cuál es su situación: que no tienen deudas, que le bajaron los costos, que tienen la misma o mejor rentabilidad y que están más felices y tranquilos.

–¿Tranquilos por qué?

–Porque no tienen que ir al banco a sacar créditos, porque no están pensando en la suba de los insumos, porque ya no tienen que manipular los productos químicos. También porque abandonaron el monocultivo y empezaron a realizar producciones mixtas. Si se les cae el rendimiento de un cultivo en una mala temporada no se funden porque tienen otras alternativas. Eso requiere empezar a conocer cómo funcionan varios cultivos, cómo se asocian y se integran en un conjunto.

–¿La agroecología puede aplicarse a grandes escalas con buenos resultados? Ese suele ser un punto de crítica por parte de un sector de la agricultura más tradicional.

–La implementación de la agroecología no es un problema de escala, regiones ni de actividades. Se puede hacer muy bien agroecología en huertas domiciliarias o en grandes quintas de frutales y hortalizas. También en cultivos extensivos. Concebir los principios de la agroecología es un proceso universal: entender el ambiente y las relaciones que se dan en este. El modelo tradicional se basa mucho en el concepto de competencia. Se compite contra las malezas por el agua, por los rendimientos. Y es necesario entender que la naturaleza tiene mucho más de cooperación y de solidaridad que de competencia.

–¿En la producción agroecológica los agroquímicos son reemplazados por bioinsumos?

–A veces. No es necesario, pero suelen utilizarse en las experiencias de campos en transición. Principalmente se trabaja asociando y sucediendo cultivos, muchas veces dos o tres cultivos en la misma siembra. Trabajamos con cultivos anuales, bianuales, perennes. Es una forma integral de producción.

–¿Cuáles son las principales diferencias entre producción orgánica y agroecológica?

–Lo orgánico está centrado en la no aplicación de agroquímicos, mientras que la agroecología tiene, además de este concepto, otros de tipo social y político. Por ejemplo, la igualdad de género en el campo o las condiciones laborales dignas para los trabajadores son pilares fundamentales. Por otro lado, en el caso de lo orgánico los productos suelen ser más costosos por no tener agroquímicos, mientras que la agroecología apunta mayormente al “precio justo”, una relación de costos y de renta adecuada para el buen vivir del productor sin buscar una ganancia diferencial. La agroecología quiere que su producto llegue a la mayor cantidad de personas, y que no haya diferenciación de si lo podés pagar o no. Por eso se trabaja en ferias, en un consumo corto donde no haya mucho flete, con productores locales que puedan abastecer a sus comunidades, creando espacios de encuentro entre productor y consumidor. Se busca volver a tener frutales, hortalizas, harinas, quesos, huevos en las distintas zonas productivas.

–El concepto de soberanía alimentaria: que cada región pueda proveerse de sus alimentos...

–Exactamente. Hace muchos años hubo plantaciones de trigo en el sur, o los primeros molinos harineros en San Juan. Hoy sólo se hace trigo donde es conveniente económicamente, pero lo es bajo un modelo de producción. Creo que si planteamos otro modelo es muy factible que en otras partes del país se pueda diversificar la producción. En un momento como este, donde la cuarentena dificulta la comercialización por el traslado de la mercadería, el productor local toma un lugar muy importante.

–En los últimos años, muchos hijos de productores fueron abandonando la actividad por falta de rentabilidad o por buscar nuevos horizontes laborales y profesionales. ¿Puede la agroecología acercar nuevamente a las generaciones más jóvenes?

–Años atrás, el hijo del productor era muy atraído por la tecnología, por las máquinas. Pero actualmente eso cambió: una gran cantidad de jóvenes está preocupado por el cambio climático, por la conservación de especies, por la biodiversidad. Incluso por temas sociales que generan una gran apertura mental como la cuestión de género. Si hoy vas a la facultad de agronomía a estudiar las cosas como se vienen dando hasta ahora, es posible que no te interese porque solo te enseñan recetas que te inhiben pensar. A un joven, ¿qué mejor que ponerlo en el lugar de la creación, de generar cosas nuevas? La agroecología propone un cambio no solo por una militancia ambientalista, sino por un cambio desde la ciencia. Hay que revisar los dogmas que prevalecieron al momento: que no alcanza la comida, que no se puede hacer sin agroquímicos, que te vas a fundir. Todo eso ya pasó con el otro modelo y ahora tenemos una buena oportunidad para ser creativos y reflexionar qué tipo de vida queremos. De cualquier manera, vale decir que las facultades están cambiando. Se están revisando materias y currículas, generando espacios de capacitación, diplomados y cursos que desplazan esa concepción lineal de entender la producción de alimentos.

–¿Cuáles serán las líneas de trabajo de la Dirección Nacional de Agroecología en los próximos cuatro años?

–El objetivo principal es poder seguir sumando productores y municipios a la práctica agroecológica, visibilizarlos, acompañarlos y hacer un plan de acción participativo. De allí seguramente saldrán ideas innovadoras, porque eso lo que tenemos que tratar de tejer: el encuentro entre la visión pasada, un modelo que se está despidiendo, hacia un modelo que nos preserve en el tiempo. Hoy está todo dado para que así sea. Con el cambio de gestión a nivel nacional se vuelve a tener una Secretaría de Agricultura Familiar fuerte, el INTA coloca entre sus ejes a la agroecología y al mismo tiempo se crea una Dirección Nacional de Agroecología. Lo mejor que le puede pasar al país es revisar el modelo de producción agropecuaria actual y avanzar hacia uno centrado en la salud de los suelos, de los productores y de los consumidores.

–Por último, ¿qué opinión te genera la designación de Nahuel Levaggi, de la Unión de los Trabajadores de la Tierra (UTT) y militante por la agroecología, como presidente del Mercado Central de Buenos Aires?

–Me parece muy interesante, la comercialización es un punto que hay que repensar. Debe haber menos intermediación. Requerirá un trabajo muy creativo pensar en nuevas formas donde los productores obtengan un precio más acorde a su costo de producción, con un nivel lógico de renta. Que la logística tenga ganancias razonables y que el producto llegue al consumidor con un precio justo, no determinado por la oferta y la demanda. Nahuel ha sido un gran militante, ojalá pueda generar una transformación en el acercamiento de los alimentos con los consumidores.

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