5/4/2020 | 14:05         
TURISMO
¿A dónde vas a viajar después de la cuarentena? Tandil, desde los picapedreros hasta el ilusionismo de Lavand
La ciudad bonaerense con casi 200 años de vida, es un sitio ideal para conocer. Sierras y muy buena gastronomía.
¿A dónde vas a viajar después de la cuarentena? Tandil, desde los picapedreros hasta el ilusionismo de Lavand
Tandil, una ciudad que es un imán para los viajeros.

Hoy conocida por las bellezas de sus sierras, sus salames y quesos, y paisajes de ensueño que hacen la delicia de todos los que la conocen, Tandil tiene una rica historia marcada desde el impulso del general Martín Rodríguez, quien supo que estas tierras estaban destinadas a ser prósperas y pujantes.

La ciudad nació a partir de un pequeño fuerte fundado por Rodríguez, brazo derecho de Bernardino Rivadavia, el 4 de abril de 1823, pocos años después de declarada la Independencia de nuestro país. Era un eslabón más en la cadena de fortines creados para proteger a las tierras ganaderas y en el que vivían, por entonces, unas 500 personas.

Allá por 1870, los inmigrantes italianos, expertos en el arte de labrar la piedra, llegaron a Tandil. Más tarde se sumaron españoles y yugoslavos. Instalados en las inmediaciones de las canteras, vivían en casillas de madera y chapa junto a su familia. Un picapedrero llegaba a producir, por día, unos 250 adoquines. Este recurso se convirtió en la fuerza económica de la ciudad. Fueron años de pujanza hasta la aparición del hormigón y el concreto asfáltico para la pavimentación, allá por la década del 30.

Tras 60 años de vida llegó el tren a Fuerte Independencia (hoy Tandil), y permitió que la zona destinada únicamente al vacuno pueda volcarse de lleno a la agricultura. Fue la explosión del lugar.

A principios del siglo pasado, la ciudad empezó a crecer en construcciones públicas y privadas y en el trazado de plazas. Pero fue en 1912 cuando un estruendo la marcó a fuego. El 29 de febrero, la erosión hizo que cayera la Piedra Movediza, famosa en todo el país.

La roca de 300.000 kilos, en lo alto de un cerro, solía congregar a los mapuches que habitaban la zona. Años más tarde a los soldados del Fuerte Independencia los intrigó que los nativos merodearan por la roca, a la que llamaban Thaún-lil, piedra que late. Con sus doce metros de largo por casi 5 de alto y 4,5 de ancho, la mole se balanceaba apenas perceptiblemente sobre una base de 80 centímetros.

Con el tiempo, la piedra movediza se convirtió en atractivo turístico. Pero ese 29 de febrero, a las 17.10, la piedra cayó al vacío y se partió en tres pedazos. El golpe fue duro, pero más que nada para la ciudad que recibía a viajeros de todas partes para conocerla.

Al cumplirse el 50 aniversario de la caída, el entonces intendente, José Emilio Lunghi, buscó resucitarla. El proyecto, sin embargo, quedó trunco hasta medio siglo más tarde. Fue cuando el actual jefe comunal, Miguel Ángel Lunghi, hijo de aquel dirigente, decidió volver tras los pasos de su padre. El proyecto fue aprobado y finalmente la réplica de la piedra mítica fue subida a la cima en 2007.

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