12/2/2020 | 10:21         
ARGENTINA-MUNDO
La Chaya rocía a La Rioja con su tradición ancestral
La provincia de La Rioja propone cada verano un recorrido por sus circuitos turísticos para conocer la historia, la riqueza cultural y disfrutar del trekking, las cabalgatas, el avistaje de aves y los deportes náuticos. Pero sobre todo, tiene una cita impostergable con las tradiciones, que toman color en la chaya es una festividad ancestral y popular anterior al Carnaval que trajeron los españoles.
La Chaya rocía a La Rioja con su tradición ancestral

(Suplemento De Viaje).- La provincia de La Rioja propone cada verano un recorrido por sus circuitos turísticos para conocer la historia, la riqueza cultural y disfrutar del trekking, las cabalgatas, el avistaje de aves y los deportes náuticos. Pero sobre todo, tiene una cita impostergable con las tradiciones, que toman color en la chaya es una festividad ancestral y popular anterior al Carnaval que trajeron los españoles.

Con epicentro en la capital provincial, varios pueblos se visten de esta fiesta que busca reunir a su gente sin distinción de edad, condición social ni económica. Chaya es un vocablo quechua "cha’llay", que significa rocío de agua, o rociar con agua. Es el símbolo de la eterna espera de la nube y la búsqueda ancestral del agua, elemento trascendental y de hondo sentir riojano.

La Chaya es una celebración que se juega arrojándose agua y puñados de harina unos a otros, todo acompañado por los tragos de chicha y aloja. El momento cúlmine es el Topamiento, donde las mujeres se ubican de un lado de la calle y los hombres del otro, todos provistos con harina, agua y pinturas a la espera de la orden del cura brujo para avanzar. Al grito de ¡Chayaaa!, una enorme nube de harina cubre el lugar y nubla el aire. La fiesta está en su punto ideal.

La Chaya despierta la emoción de cada habitante cualquiera sea su residencia en tierra federal. Simbiosis del hombre y la naturaleza que por esos días dedica tributar homenaje a ese hecho ancestral, sumando el elixir del vino en ese entrevero de aromas de albahaca y harina en cada topamiento familiar, entre vidalitas y coplas de carnaval.

Más allá de la fiesta, la capital provincial, que combina lo antiguo y lo moderno con calles angostas, construcciones bajas, plazas ornamentadas y viejos naranjos que le dan un aspecto muy pintoresco, tiene muchos encantos por descubrir. Entre ellos se destacan Las Padercitas, un conjunto de ruinas hechas con barro ubicadas en la Quebrada de los Sauces, a 7 kilómetros de la ciudad, o el Dique Los Sauces, un lugar especial para la práctica de deportes náuticos.

También están el Cerro de la Cruz con sus vistas panorámicas del lago, la quebrada, y los extensísimos llanos, el Mercado Artesanal y el Parque Yacampis. O bien uno puede transitar 20 kilómetros hasta Villa Sanagasta, que marca la continuidad del circuito con atractivos entre como la Antigua Cuesta de Huaco, un camino de cornisa con increíbles vistas de la región, el Balneario Municipal y las plantaciones de nogales, duraznos, higos y uvas.

Entre historia y leyendas


La historia relata que en valles y quebradas vivían los diaguitas. Cada año las tribus agradecían a la Pachamama (Madre Tierra, a la que también se llamaba Allpa Huama), las bondades recibidas y la fructífera cosecha, principalmente del algarrobo, el árbol más importante de la economía y la tradición diaguita. Los estudiosos de estas leyendas coinciden en que en una de estas tribus vivía una bella joven llamada Challai (Chaya), que era tan hermosa que los diaguitas creían que era un homenaje vivo a la Madre Tierra.

Una de las historias cuenta que la hermosa Chaya se enamoró de un joven y rubio colono que pasaba junto a su familia por estos parajes. Otros aseguran que la bella joven se enamoró de Pujllay, una especie de semidios. De cualquier manera, el amor entre ellos no pudo concretarse: por no ser aceptada la niña por la familia del joven colono o por no ser correspondido el amor de Pujllay por Chaya.

La niña, desengañada, huyó a las montañas y toda su tribu salió a buscarla desesperadamente. Cuando estaban a punto de encontrarla en una quebrada, Chaya se convirtió en nube y ascendió a los cerros y, cada año en febrero, vuelve convertida en rocío, para endulzar las flores del cardón, como una lágrima derramada por su amor perdido. Pujllay, con su corazón partido, se emborracha y cae en un fogón, donde muere.

Este amor frustrado da el nombre de Chaya a la fiesta que, año a año, los riojanos recuerdan bajo el aroma de la albahaca y deja como personaje principal a Pujllay, que en la actualidad se representa con un muñeco desgarbado (hecho de trapo o ropa en desuso que en ocasiones también le añaden pirotecnia), que preside la celebración, desde su desentierro al inicio de la Chaya hasta su entierro o quema, que marca el último día de la fiesta.

El dato

La grilla de artistas en la capital riojana la abre la primera noche Jorge Rojas el jueves 13 de febrero; siguen Abel Pintos (viernes 14), Soledad, Raly Barrionuevo y Dale Q’ Va (15), Luciano Pereyra (16) y el corolario del lunes 17 estará a cargo del embajador de la cultural, Sergio Galleguillo, cerrando la noche la banda de cumbia santafesina, Los Palmeras.

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