9/11/2019 | 10:50         
LOCAL
Biomasa: el proyecto murió. ¿Y si lo resucitamos con la idea original?
Reconocen que si no se hubiese involucrado a grupos financieros e inversores extranjeros, la planta ya estaría funcionando.
Biomasa: el proyecto murió. ¿Y si lo resucitamos con la idea original?

El proyecto para instalar una planta capaz de transformar en energía los desechos de la entonces Monsanto nació hace casi una década, cuando esa empresa advirtió que no tenía cómo disponer de manera racional de la chala y los marlos, y la Clyfer, presidida en esos momentos por el doctor Miguel Piedecasas, asumió el desafío y lo puso en marcha.

La cooperativa asumió los costos de realizar los estudios de factibilidad, y junto con Monsanto convocaron a inversores locales, con los cuales se armó la ingeniería financiera que incluía apoyo crediticio externo.

Aunque de manera irregular la idea avanzó, hasta que el entonces CEO de Monsanto (hoy número 2 de AdBlick Agro) le cedió a Adblick Agro la gestión de lo que hasta ahí eran "desechos", y a partir de ese momento, "subproducto": la chala y el marlo.

Hay que destacar que AdBlick no tiene capacidad para gestionar nada en forma real y concreta. Ni recursos para invertir. En este caso, su "capital" estuvo asentado sobre dos pilares fundamentales: contactos ministeriales del más alto nivel, que le permitirían al proyecto un tránsito fluido por la siempre escabrosa carretera de la burocracia; y la posibilidad de conseguir inversores (algo que ya había, y eran rojenses, pero fueron expulsados del proyecto).

EL PROYECTO MURIÓ

Según los plazos establecidos, que figuran en los contratos firmados en el marco del programa gubernamental RenovAr II, la construcción de la planta de biomasa de Rojas debería haber comenzado hace alrededor de un año y medio. Esto es, estaría hoy en pleno período de pruebas (tal como ocurre con la planta de biogás de Pergamino). Esto fue oficialmente reconocido. Sin embargo, el proyecto está muerto.

La razón principal del deceso es el retiro de los inversores extranjeros que AdBlick había conseguido para financiar la iniciativa.

HOY tuvo acceso a un audio reciente del presidente de la sociedad Biomasa Rojas, José de Micheli (representante de AdBlick), en el que reconoce no sólo que los inversores "se retiraron" sino que, además, están a la espera de que se conforme el nuevo gobierno nacional para ir a conocer a sus ministros.

¿POR QUÉ NO REFLOTAR LA IDEA ORIGINAL?

La situación del proyecto biomasa en Rojas es muy clara: los inversores locales fueron expulsados de la iniciativa por AdBlick, y los extranjeros se fueron solos debido a la inestabilidad del país.

Pero hay que tener en cuenta que muchísimas cosas cambiaron, y no sólo el tipo de cambio o el signo político del gobierno nacional. Monsanto no existe más;

Los "contactos ministeriales de altísimo nivel" dejarán de existir el 9 de diciembre; y los inversores extranjeros ya están pensando en cuestiones totalmente ajenas a Rojas, sus marlos y su chala. Los mismos contratos firmados están a punto de "caer", por incumplimiento de los plazos.

¿Por qué no retomar, entonces, la idea original? ¿No es momento para que Bayer (que no es Monsanto), la Clyfer, los inversores otrora echados, y el municipio –que siempre actuó como "facilitador"– se sienten nuevamente a conversar y a darle forma a la iniciativa, considerando todo el potencial que tanto Rojas como la Argentina tienen?

Porque, vale la aclaración, en algún momento se habló no sólo de atraer inversiones extranjeras, sino también de incorporar tecnología foránea. Y el caso es que vivimos en la Argentina, uno de los ocho países del mundo con capacidad para producir y operar un satélite artificial; un país que hace diez años construyó un reactor nuclear en Australia, y está a punto de construir otro en Holanda, luego de ganar las respectivas licitaciones internacionales. ¿Necesitamos comprar tecnología "gallega" para fabricar una caldera y un generador?

Rojas está hoy ante una oportunidad inmejorable de recuperar uno de sus proyectos más importantes de las últimas décadas, lamentablemente desnaturalizado por diversos actores que, o no existen más, o han quedado completamente descolocados.

Recuperar el proyecto original, en el que la Clyfer tenía el 30 por ciento de participación, y donde las inversiones iban a ser realizadas por las empresas más importantes de Rojas, es la oportunidad que hoy tenemos y que no deberíamos desaprovechar.