3/11/2019 | 11:10         
REGION-PROVINCIA
Panorama político: Certezas, incógnitas y guerras anticipadas de la transición
Tras el sismo electoral del domingo, que le dio a Axel Kicillof una victoria que, a diferencia de lo que ocurrió en Nación, no tuvo atenuantes, la transición real comenzará esta semana con la situación financiera como eje de una negociación en torno del presupuesto 2020 y de un número clave: $45 mil millones.
Panorama político: Certezas, incógnitas y guerras anticipadas de la transición

(Por Andrés Lavaselli, de DIB).- Tras el sismo electoral del domingo, que le dio a Axel Kicillof una victoria que, a diferencia de lo que ocurrió en Nación, no tuvo atenuantes, la transición real comenzará esta semana con la situación financiera como eje de una negociación en torno del presupuesto 2020 y de un número clave: $45 mil millones. Eso, en medio de unas serie de incipientes reacomodamientos que plantean interrogantes de fondo en los dos frentes que se reparten el poder político bonaerense.

En el encuentro que mantuvieron a solas el jueves, María Eugenia Vidal le reafirmó a Kicillof una obsesión que la desvela desde hace meses: dejar fondos necesarios para pagar un mes de sueldo y el medio aguinaldo. Su idea es marcar la diferencia respecto de lo que recibió de Daniel Scioli. La confianza que exhibió en lograr el objetivo se cifra en de dos negociaciones abiertas: la actualización del "Fondo del Conurbano" y la devolución de los US$500M en bonos "reperfilados".

"Las dos cuestiones están en camino de solucionarse", es la definición al respecto de un alto funcionario bonaerense, consciente como pocos de que eso depende de decisiones de Mauricio Macri, cuyas relaciones con Vidal no pasan por el mejor momento. Pero Kicillof desconfía: a los intendentes les dijo que encontrará una "necesidad de caja" no menor a los $45 mil millones. A su equipo, que para dejar para sueldos, Vidal podría sacar de otro lado. El viejo dilema de Procusto.

La cuestión comenzará a zanjarse esta semana, cuando los equipos técnicos arranquen con el intercambio de datos concretos. El primer objetivo es la confección del presupuesto 2020, lo que en términos políticos implica dos definiciones clave: autorización de deuda y ley de impuestos. En principio será una escritura a cuatro manos para ver, después, quién lo presenta y en qué cámara. Ambos campamentos quieren que sea acordado. Pero hay que ver si lo logran.

En ese contexto, el énfasis de Kicillof en la austeridad (será "muy amplia", dicen en su entorno) obliga a poner la mira en la eventual suba de algún tributo. También es un mensaje a las centrales sindicales. UPCN ya le hizo llegar un pedido de aumento y los gremios docentes, que todos los años son los primeros en negociar, están a las puertas de las paritarias. Para todos ellos, la advertencia es clara: la recomposición salarial de lo perdido no es posible en un solo año.

La presión financiera que, en la mirada de Kicillof, definirá los primeros meses de su mandato, también explica un pedido en el que coincidió con Vidal: recomponer el fondo del Conurbano. El gobernador electo le habló al gobierno actual –a Macri- pero acaso sea también un señalamiento para Alberto Fernández. Como todo mandatario bonaerense, será en principio fiscalmente dependiente de Nación, aunque en este ítem habría una compensación ya acordada, cuyos términos se reservan.

Redefiniciones

Comparada con esas urgencias económicas, la trama política de la transición luce menos tensa, aunque con incógnitas abiertas. La principal es el equilibrio interno entre sectores. Kicillof es una creación política de Cristina Kirchner, como ella misma le recordó la noche del triunfo. No es un dato menor: gobernará un territorio atravesado por una grieta territorial (que también es de clase), gracias al voto cristinista duro del sur del Conurbano, que retuvo.

Quizá por eso, Kicillof se permite algunas licencias. Por caso, mantiene el misterio sobre la conformación del gabinete, cuya composición definitiva no conocen por ahora los intendentes ni el massismo, sectores por lo demás en proceso de ajuste al nuevo contexto. El massismo quiere estar en el gabinete bonaerense, pero sabe que eso depende del lugar que ocupe en Nación. El camporismo quedó golpeado: no obtuvo el despliegue municipal que buscaba y tal vez ahora reconsidere un pedido para presidir Diputados.

Contra los pronósticos basados en la resistencia inicial a Kicillof, los alcaldes están alineados. Pero hay matices. Dos rumores ayudan a entenderlos: Gabriel Katopodis, de San Martín, tuvo que desmentir su incorporación al gabinete nacional. Pero Jorge Ferraresi, el K puro reelecto en Avellaneda, estaría resistiendo una invitación para mudarse a La Plata. Los destinos mentados para ellos trazan un mapa de afinidades divergentes, que cada uno comparte con varios de sus pares.

La vice electa, Verónica Magario, generó atención con su presencia en Tucumán, en la entronización de Juan Manzur. Allí se desplegó la red de apoyo de Alberto Fernández, compuesta por gobernadores, sindicalistas (la ausencia de Hugo Moyano, en plena negociación por el rescate de OCA, es sintomática), empresarios y alcaldes desairados en el acto del día del triunfo, donde el escenario fue exclusivamente para bonaerenses. Magario conoce desde hace mucho a Manzur, porque el tucumano trabajó en el área de salud del gobierno matancero de Alberto Balestrini.

Una pelea anticipada

Pero la onda sísmica de la elección también reacomoda las placas en la fracción bonaerense de Juntos por el Cambio. Allí, el nuevo pico de tensión entre Macri y Vidal fue atribuido al pase de facturas por el pasado: el presidente rechazó los planes electorales alternativos que propuso la gobernadora, quien a su vez cerró su campaña con la inauguración de un slogan que preanunciaba el reemplazo del Presidente de la conducción política.

Pero aunque es cierto que algo de eso hubo (el rumor esponsoreado por Marcos Peña sobre la falta de compromiso de Vidal con la campaña es elocuente), la explicación también está en el futuro. Es que Macri, que cree que el resultado electoral menos malo de lo que se esperaba lo mantiene en la cancha política, parece haber elegido a la provincia para lanzar la primera batalla por el liderazgo de la oposición.

Por eso se fotografió con Jorge Macri, que siempre quiso la candidatura a gobernador. El mensaje a Vidal es cristalino: si quiere ser la jefa en la provincia, tendrá que disputar ese lugar. En realidad, la jugada trasciende a la gobernadora saliente: ella es la representante bonaerense de Horacio Rodríguez Larreta, verdadero adversario de Macri dentro de PRO en el horizonte largo de 2023.

Por lo demás, la disputa en terreno provincial se extiende a los aliados de la gobernadora. Alex Campbell, el candidato que Vidal imaginó para para presidir Diputados, ni siquiera reúne consenso, hoy, para comandar el bloque de Cambiemos –si es que no hay ruptura-, lugar por el que ya compiten, al menos, dos radicales.