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Profesor Cronopio: la vida de Cortázar en el interior bonaerense
(Por José Giménez, de la redacción de DIB).- Julio Cortázar fue, sin dudas, un escritor universal. Nacido en Bélgica, donde su padre era diplomático, vivió toda su infancia en Banfield y luego se estableció en París, donde se hizo mundialmente conocido.

18/2/2019 | 09:23
(Por José Giménez, de la redacción de DIB).- Julio Cortázar fue, sin dudas, un escritor universal. Nacido en Bélgica, donde su padre era diplomático, vivió toda su infancia en Banfield y luego se estableció en París, donde se hizo mundialmente conocido.

Sin embargo, mucho antes de "Rayuela", entre 1937 y 1944, el escritor (de quien esta semana se cumplieron 35 años de su muerte) vivió en el interior bonaerense, donde se desempeñó como profesor en escuelas secundarias de Bolívar y Chivilcoy. Pese a aborrecer su estadía allí, Cortázar desarrolló una intensa actividad literaria y cultural, y produjo algunas obras en las que ya comenzaba a pulir su estilo inconfundible.

Egresado en 1935 del Colegio Mariano Acosta, donde se recibió de profesor normal en Letras, Cortázar debió abandonar sus estudios de Filosofía y Letras y buscarse un trabajo para mantener a su madre y su hermana, con quienes vivía.

Entre agosto y diciembre de 1936 hizo una breve suplencia en una escuela primaria del interior bonaerense, aunque no hay datos precisos respecto de su localización. En tanto, en 1937, alentado por sus excompañeros del Mariano Acosta, decidió seguir probando suerte en la provincia, y se instaló en Bolívar para dar clases de Geografía y Lógica, materias completamente ajenas a sus intereses.

"Era profesor en letras pero me facultaba para enseñar en los colegios secundarios lo que tuviera ganas: gramática, geografía, instrucción cívica, historia. Realmente un hombre orquesta. No me satisfacía ni mucho menos, pero me sirvió para ayudar a mi madre", diría años después en una entrevista.

Más tarde, en agosto de 1939 se trasladó a la Escuela Normal de Chivilcoy, en donde le asignaron 16 horas semanales, repartidas en las materias de Historia, Instrucción Cívica y Geografía. Cobraba 640 pesos moneda nacional, unos 150 dólares en ese entonces.

Allí pasó sus días (instalado en una pensión ubicada a medio camino entre la plaza principal y su escuela) hasta mediados de 1944, cuando se trasladó a Mendoza a dar, finalmente, clases de Literatura en la Universidad Nacional de Cuyo.

Cortázar fue recordado por sus alumnos como un gran docente, con quien por su cercanía en edad se permitieron un trato más cercano. Pero su paso por el interior no estuvo exento de polémicas: se enamoró de una estudiante, cuestionó ciertas políticas gubernamentales y se negó a besar el anillo del obispo de Mercedes, durante una visita a la escuela. En una carta escrita luego de instalarse en Mendoza, dirá que ese incidente fue el detonante de su salida: "se me acusaba ("vox pópuli") de los siguientes graves delitos: a) escaso fervor gubernamentalista, b) comunismo y c) ateísmo".



Libros y encierro
Contrariamente a lo que destacan algunas crónicas locales, Cortázar aborrecía su vida en el interior: en su copiosa correspondencia, el joven profesor contaba a sus amistades que no le gustaba el ambiente y que prefería encerrarse en su habitación a leer libros. "La vida, aquí, me hace pensar en un hombre a quien le pasan una aplanadora por el cuerpo", decía. Y agregaba, con mordacidad, que "los microbios, dentro de los tubos de ensayo, deben tener mayor número de inquietudes que los habitantes de Bolívar".

Sin embargo, estos comentarios, que reservaba siempre para sus amigos porteños, no le impidieron participar de forma activa en la vida social y cultural de esas ciudades. Rápidamente trabó amistad con sus colegas docentes y participó activamente de los círculos culturales de la época.

Fue, además, un lector voraz (un "bibliómano", según el poeta jujeño Domingo Zerpa, colega suyo en Chivilcoy): sus compañeros de pensión recuerdan que vivía encerrado en su habitación, leyendo o escribiendo a máquina.

Así fue dando sus primeros pasos como escritor, con cuentos que, aunque inéditos mientras vivió, ya comenzaban a prefigurar su inconfundible estilo. En Bolívar publicó un libro de poemas titulado "Presencia" (1938), firmado como Julio Denis, un pseudónimo que usaría mucho en esa época. Además, entre 1937 y 1944 escribió una serie de cuentos fantásticos, la mayoría de los cuales no vio la luz sino hasta 1996, cuando Aurora Bernárdez, su heredera universal, editó sus cuentos completos y los agrupó bajo el título "La otra orilla". De esos relatos, solo "Llama el teléfono, Delia" fue publicado en 1941, en un periódico socialista de Chivilcoy. En sus cartas, además, Cortázar hace referencia a una novela de unas 600 páginas que estaba terminando antes de su mudanza a Mendoza, pero cuyo destino se desconoce.

Pero más allá de la literatura, el joven profesor participó activamente de peñas culturales, donde discutía apasionadamente sobre literatura y jazz, y trabajó en la adaptación de una obra teatral. También participó en el guión de "La Sombra del Pasado", una obra estrenada en Chivilcoy en 1947, de la que no se conserva ninguna copia, que fue dirigida por el fotógrafo Ignacio Tankel, con quien trabó amistad en sus años como profesor.

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