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Un museo que no se guarda nada
(SUPLEMENTO DE VIAJE).-Un teléfono a disco por un rincón, un portafolios de cuero marrón para ir a la escuela por otro. Una lata de galletas Canale, una cajita con los doce marcadores Sylvapen o el famoso sifón de vidrio. Al cumplir sus primeros cincuenta años de vida, lo celebra presentando toda su colección como producción artística en la exposición "Mostramos todo, no nos quedamos con nada", que se puede visitar hasta marzo con entrada libre y gratuita. Son 130 mil objetos que pertenecen al acervo patrimonial de esta casa y que quedan al alcance de la mano para descubrir.

10/2/2019 | 12:10
(SUPLEMENTO DE VIAJE).-Un teléfono a disco por un rincón, un portafolios de cuero marrón para ir a la escuela por otro. Una lata de galletas Canale, una cajita con los doce marcadores Sylvapen o el famoso sifón de vidrio. Al cumplir sus primeros cincuenta años de vida, lo celebra presentando toda su colección como producción artística en la exposición "Mostramos todo, no nos quedamos con nada", que se puede visitar hasta marzo con entrada libre y gratuita. Son 130 mil objetos que pertenecen al acervo patrimonial de esta casa y que quedan al alcance de la mano para descubrir.

Con el objetivo de "entender al objeto en su dimensión social", la muestra, organizada por el Ministerio de Cultura porteño, propone abordar "la colección no como algo escenográfico sino como un testimonio". De esta manera, según sus organizadores, "se pretende entender al objeto en su dimensión vital como proveedor de identidad, no como vehículo de nostalgia", porque entienden que "el objeto en su materialidad trascendió su momento histórico y es soporte de un mensaje. No hay una única historia en los objetos, no hay una única dimensión en los objetos".

La muestra, que insiste en la relevancia del objeto como testimonio de una historia y no como vehículo de la nostalgia, es el resultado de años de donaciones que la gente de la Ciudad de Buenos Aires y también de zonas aledañas, ha realizado con entusiasmo y generosidad. Es, sin duda, un flashback en esa arrolladora urbe que mira hacia adelante. Y genera un vínculo único con el visitante, ya que quien camina por allí logrará generar una relación con una vieja cámara, una máquina de escribir o un pingüino para servir vino.

"La idea fue mostrar gran parte de la colección sin jerarquizar los objetos, de manera tal de verlos sin año, sin procedencia, porque pensarlos dispersos permite armar un calidoscopio de cosas que conocimos y usamos", dijo el director de esa institución, Ricardo Pinal Villanueva, al mencionar entre los objetos cámaras de foto, relojes y vestimenta.

También es encontrar anécdotas como que la estatua más imponente del lugar fue sacada de un viejo edificio y nadie sabe ni el nombre de la obra ni el autor. Otras cuestiones, como el panel de viejos teléfonos y radios, sí pueden ser precisados con mayor facilidad: hay marcas legendarias que dan idea del valor del objeto; lo mismo ocurre con las cámaras analógicas: es probable que surja el deseo de querer tomar alguna e inspeccionarla, como si se tratase de un preciado objeto arqueológico.

Como en botica

En la plaza del Museo se puede ver cualquier cantidad de objetos vinculados a distintos momentos y usos. Cuatro extensas paredes adornadas con distintos elementos cotidianos, aunque sacados de otra época. Desde una virgen hasta cuadros y bombillos. Hasta hace no mucho, el día a día contaba con esos elementos que ahora pueden parecer caducos. "Expusimos una gran variedad de teléfonos de distintas épocas para pensar cómo cambiaron las costumbres y los comportamientos en relación a ese objeto. Antes, los teléfonos tenían cable, eran objetos fijos. Una persona que nació en 2001 nunca discó para hablar por teléfono, esto implica muchos cambios en la gestualidad", reflexionó.

El objetivo de la muestra es que los vecinos sigan donando, que vean que los elementos que parecen menores tienen un valor importante para la historia de Buenos Aires. "Los objetos cuentan la historia de las personas y de los grupos y dan cuenta de cómo fueron cambiando los comportamientos en los últimos años. Es interesante ver cómo la gente se encuentra con los objetos y funcionan como un disparador de la propia vida", remarcó Pinal Villanueva.

Al recorrer la exposición se puede advertir cómo algunos objetos desaparecen y otros se mantienen. Las bigoteras, que eran una especie de red para que los hombres no se despeinen el bigote mientras dormían, no se usan más. Pero en cambio, hay peinadores de pestañas que son muy parecidos a los que se siguen usando.

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Cómo llegar

"Mostramos todo, no nos quedamos con nada" puede visitarse todos los días de 11 a 18, en el Museo ubicado en la calle Defensa 187, en el barrio de San Telmo, con entrada libre y gratuita.

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