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2018, una bifurcación en el camino
Editorial publicada en el anuario 2017 de HOY: Otro año que transcurrió y a gran velocidad! Parecería que pasó muy poco tiempo desde que hubo un cambio de gobierno en los tres niveles: nacional, provincial y municipal.....

3/1/2018 | 10:45
Otro año que transcurrió y a gran velocidad! Parecería que pasó muy poco tiempo desde que hubo un cambio de gobierno en los tres niveles: nacional, provincial y municipal.

Quizás porque la era kirchnerista fue demasiado extensa y estábamos acostumbrados a ver siempre las mismas caras; pero no pareciera ser tan así, pues la realidad, más que las apariencias, marca que tenemos un gobierno que ya no puede echar culpas a la “herencia”, en tanto contó con tiempo suficiente para enraizar y construir un camino propio.

Quizás sea esa la razón de que, a nuestro entender, el 2018 resulte un año de bifurcación; y es aquí dónde no se vislumbra muy bien hacia donde van a ir las cuestiones de Estado en todos sus estratos.

Hoy resulta de conocimiento público que la economía de nuestro país no ha despegado a partir de las medidas aplicadas: la importante devaluación, el reordenamiento del Estado y de las tarifas de los servicios públicos y energético -por llamar este proceso de alguna manera- que según se prometiera discursivamente, iban a sentar las bases del crecimiento. Es cierto que este “reacomodamiento” es reciente, pero también lo es que ningún indicador económico da indicios de que la rueda comience a girar para el lado correspondiente: hasta el momento hemos tenido endeudamiento, déficit fiscal y balanza comercial negativa en récord. Un combo bastante explosivo, cerrando el año con un dólar tocando los 19 pesos.

Puede decirse a favor, que el despilfarro y excesos de la era kirchnerista llegaron a su fin. La pregunta es si era necesario que el ajuste comenzara en los sectores más desprotegidos, y si eso mismo no conllevó a agravar la compleja situación económica que dejó el gobierno anterior. Pero esa respuesta habrá que dejársela a los especialistas – que suelen equivocarse bastante más que la gente- aunque realmente el tiempo será quien la responda.

En otro orden de cosas, la Provincia de Buenos Aires, podrá tener en este 2018 el llamado Fondo del Conurbano; habrá también endeudamiento y quizás siga la obra pública, aunque hay que permitirse plantear serias dudas de si se podrá repetir el ritmo de este año que se va. Fundamentalmente las obras que se fueron realizando en los municipios, ya que éstos contaron con mucho dinero producto de ese endeudamiento provincial. Los rojenses hoy estamos esperando unas cuantas obras que deberán concretarse en este 2018, una de ellas es la tan ansiada ruta 45. Ojalá esta vez, el Diablo no meta la cola.

Vidal, más allá de lo económico, hace lo suyo. Por ejemplo, en el Servicio Penitenciario, en la Policía Bonaerense, en el Banco Provincia, y hoy en la docencia -sacando del cargo a quienes no tengan título-. Reformas más que necesarias en estas áreas; quedando el interrogante si serán los suficientemente profundas o correctas.

Y aquí la bifurcación planteada se presenta en si Vidal está marcando la cancha para ir por mucho más y avanzar no sólo en la dirección sino con el nivel de profundidad necesario para resolver los grandes temas de raíz, o sólo son medidas que no provocan más que efectos mediáticos funcionales al proyecto político, y pocos cambios reales para los bonaerenses.

En cuanto a nuestra querida ciudad, quizás la cuestión no sea tan compleja. En el segundo año de mandato el intendente Claudio Rossi lleva adelante un municipio que ha realizado muchas obras públicas, tan largamente postergadas en la ciudad; pero -producto de la economía nacional y el aumento en los principales insumos del municipio (combustibles y energía)- se encuentra complicado financieramente, con poca liquidez en, al menos, estos dos últimos meses.

Esta situación no resultaría tan grave para las arcas municipales si se tiene en cuenta que se ha reducido el déficit ( se pasó de 7 puntos a 4 anual, según fuentes no oficiales) ; pero sí se deberá afrontar un gran desafío y que tiene que ver con el Pacto Fiscal, al cual el municipio deberá adherirse voluntariamente, para recibir dinero de los estratos superiores de gobierno – Nación y Provincia-. Para ello, es menester cerrar las cuentas perfectamente: ya no podrá tener déficit, ni siquiera los 4 puntos residuales.

Pero el problema no son los números, es que el ingresar al Pacto fiscal se logre sin que ello implique un ajuste de fondos en diferente áreas de gobierno; teniendo en cuenta que el aumento de tasas puede considerarse bastante más abajo de lo que fue la inflación y muy por debajo que el incremento en los insumos básicos para el funcionamiento del municipio como los combustibles y la energía eléctrica.

Es aquí donde se plantean los caminos: que las cuentas cierren y que áreas como Cultura y Educación, Salud, Parques y Paseos, Producción, Desarrollo Social, Deportes, Prensa y Comunicación, etc. tengan un presupuesto al menos equivalente a este año que se va; o que den los números producto de un considerable recorte en alguna o todas ellas. Seguramente este 2018 será el año que responda esa pregunta. El eje rondará en el orden: esto es, optimizar los recursos con una buena administración mejorando la recaudación; o valerse del recorte presupuestario.

El atraso en la infraestructura de la ciudad era evidente y fue un gran acierto privilegiar ese eje de la gestión, aunque las obras seguramente no fueron suficientes; pero en otras áreas los frutos no son tan evidentes. Y quizás, como ciudadanos, debamos hacer meaculpa: el tránsito dentro de nuestra ciudad es cosa de otro planeta, una deuda cultural pendiente (como también lo podría ser la limpieza y otro temáticas que no se han podido revertir). Un trozo de un texto titulado “El Teléfono Móvil y la Reina Blancanieves – del libro De la Estupidez a la Locura-, del filósofo y semiólogo Umberto Eco parece reflexionar sobre algunas situaciones de nuestro pago chico.

El fragmento describe lo siguiente: “Caminaba por la vereda y vi que en dirección contraria venía una señora con las orejas pegadas al teléfono, y que por tanto no miraba al frente. Si no me apartaba, chocaríamos. Como en el fondo soy malo, me detuve bruscamente y me volví hacia el otro lado, como si estuviera mirando el final de la calle; de este modo la señora se estrelló contra mi espalda. Yo había tensado el cuerpo preparándome para el impacto y aguanté bien, ella se quedó descompuesta, se le cayó el teléfono, se dio cuenta de que había chocado con alguien que no podía verla y que era ella la que debería haberlo esquivado. Farfulló unas excusas, mientras yo le decía con humildad: “No se preocupe, son cosas que pasan”.(sic)
Más allá de la intención crítica del autor hacia los “adictos” a los teléfonos celulares, tal relato podría resultar la crónica de un día conduciendo por las calles de Rojas: cantidad de motos, conducidas por personas que van con sus celulares, sin casco, menores de edad al volante, más pasajeros de los habilitados para el tipo de vehículo, la ausencia de carnet habilitante, de patente y seguramente de seguro.

Podría pensarse en la educación como la solución a un problema como éste; pero al verse por la calle Avellaneda cómo un docente se cruzó por delante de un vehículo con su moto, sin casco y en contra mano, como si por la calle no viniera nadie; tal recurso luce al menos insuficiente.

Los ejemplos se repiten por doquier: en una esquina, un conductor deja el paso a otro, que no lo puede tomar porque una motociclista que venía detrás del amable señor decidió que era ella quien debía pasar, aún teniendo que esquivar al furgón que había frenado y arriesgarse a ser arrollada por el otro vehículo. ¿Habrá pensado: primero las damas?

Pero esto no sólo se presenta con los amigos motociclistas. Muchos automovilistas (como ciclistas y peatones) llevan la misma actitud, a tal punto de retrasar el tránsito con el auto parado en medio de la calle para ver las últimas novedades que exhibía en vidriera de un reconocido comercio de electrodomésticos ubicado en el centro de nuestra ciudad. O hacer que un conductor deba desplegar todas sus habilidades porque dos automovilistas prenden sus balizas y se ponen a charlar dentro de sus vehículos estacionados uno al lado del otro, como si por la calle nadie debiera transitar. Gracias a Dios los accidentes de tránsito no son tantos, pero cuando los hay, resultan de gravedad. La situación se va complicando aún más en época estival.

Hoy vivimos una situación en la que estacionar en el cordón amarillo o pasar un semáforo en rojo es una cuestión menor, comparado con las infracciones que se ven a diario. El orden no es poca cosa, y hoy ante este panorama, muchos hacemos como Umberto Eco: nos quejamos y nos enoja mucho en privado -basta hablar con varias personas para percibirlo- pero a quien comete la infracción parece que únicamente le decimos: “No se preocupe, son cosas que pasan”.-
Quizás progresivamente y con otra estrategia, el gobierno municipal, debería retomar su intención de reordenar este caos, para que Rojas no sea en esto, como en algunas otras cosas, un pueblo sin ley. El orden es primordial para el crecimiento y calidad de vida. Este año va a requerir mucho de ello, no sólo en lo económico y en las obras. Como se señalara, el venidero, será un año de bifurcación en muchos sentidos, se abren dos caminos: esperemos que como comunidad, no tomemos el camino de ir como la señora, con el teléfono en la oreja sin ver lo que se viene por delante, porque así seguramente vamos a chocar.

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