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Panorama político: Pelea nacional, impacto bonaerense
Una de las novedades principales del año para la política bonaerense ocurrió esta semana, pero no en la provincia, sino en el Congreso de la Nación. Se trata de la aprobación de la reforma previsional que, más allá de los piedrazos y las cacerolas, le aseguró al oficialismo el insumo crítico para intentar su próxima aventura estratégica: la conquista de la primera sección electoral.

29/12/2017 | 07:32
(Por Andrés Lavaselli, de la redacción de DIB).- Una de las novedades principales del año para la política bonaerense ocurrió esta semana, pero no en la provincia, sino en el Congreso de la Nación. Se trata de la aprobación de la reforma previsional que, más allá de los piedrazos y las cacerolas, le aseguró al oficialismo el insumo crítico para intentar su próxima aventura estratégica: la conquista de la primera sección electoral.

La ecuación es simple: los 65 mil millones de pesos suplementarios que la gobernadora María Eugenia Vidal planea usar para su “shock de obra pública” en el sur y el oeste del Conurbano salen del ajuste de la Anses. Una transferencia de fondos de los jubilados hacia las zonas pauperizadas del Conurbano, tal como admitió hasta el diputado ultra M Fernando Iglesias.

Vidal está convencida de que el mismo día de la votación empezó la resistencia al plan. Cree que algunos intendentes del Conurbano están detrás de parte de los grupos que agitaron las calles, porque temen el efecto electoral de la inyección de dinero oficialista en sus distritos. Para ellos, el maximalismo del Partido Obrero es sinérgico de la defensa de sus territorios ¿Nace una acuerdo táctico?

Pero ese razonamiento es parcial. Miles de manifestantes pacíficos llegaron al Congreso. Los cacerolazos posteriores fueron aún más masivos, sumaron a la clase media menos politizada y se replicaron en el interior. Había ahí clientela oficialista. Armaron la protesta más grande que enfrentó el gobierno hasta ahora. Una prueba de que el tránsito hacia 2019 puede no ser tan despejado como suponía Cambiemos.

Vidal, mientras tanto, quiere asegurar que el paquete pueda aplicarse. Porque todavía falta un paso para asegurarse la plata: que la Legislatura apruebe la adhesión de la Provincia al acuerdo fiscal (se logró ayer por la tarde). Por eso, Cambiemos llamó a sesionar entre fiestas, en las dos cámaras. La mira está puesta en los sectores que le dieron a Vidal el número para aprobar, hace cinco días, la reforma de la caja de jubilaciones del Banco Provincia.

Ese trámite dejó algunas postales notables. En diputados, fue clave el “peronismo territorial”, de los intendentes “dialoguistas” no kirchneristas, que con cuatro de sus miembros aseguró el quórum imprescindible. Era difícil que pudiesen decir que no: venían de quedarse con la vicepresidencia, pese a ser la tercera minoría, gracias al respaldo de Cambiemos.

Igual, hubo tensión. Julio Pereyra, que no quiso inaugurar su presidencia de bloque con ese proyecto, se ausentó. Martín Insaurralde debió exponer a Federico Otermín, uno de sus delfines, a argumentar en un sentido que no coincidía con su permanencia en la banca. Tales chispazos pusieron en foco a la conducción de esos diputados. Para tranquilidad de la gobernadora, como garantes del número esta vez también habrá gobernadores, que quieren lo mismo que ella: dinero.

Los que se congratulas son los diputados que amagaron a pasarse al bloque “dialoguista” pero al final decidieron quedarse con el kirchnerismo. Es que, en contraste, allí las cosas son más previsibles para ellos: el juego es exponer todas las leyes que vote el oficialismo y esperar que costos (y las ganancias) corran por cuenta de la conducción, encabezada por la exconcejal Florencia Saintout, que es un producto de la “década ganada” más químicamente puro que ellos.

Senadores, donde Cambiemos podría volver a necesitar dos tercios, es un problema más sencillo. Si el oficialismo decide avanzar esta semana, la llave quedará otra vez en manos de dos legisladores del massismo. Son Fernando Carballo y José Luis Pallares, ambos con apenas dos años de mandato por delante. Cuando hace unos días ayudaron a Vidal con el quórum, dijeron que “no nos dimos cuenta”.



FACTURAS Y RESPALDOS

La semana pasada, la Legislatura le dio a Vidal la nueva ley ministerios, diseñada para avanzar en el recorte del llamado gasto político. La gobernadora agregó otros cambios a su equipo: echó a Rodrigo Silvosa y a Rodrigo Gaytán, los funcionarios encargados de las obras contra las inundaciones y la regulación de los servicios públicos. Ambos estaban enfrentados con su jefe formal, el ministro de Infraestructura, Roberto Gigante. A uno de ellos le achacaban haber echado a correr rumores de renuncia de su jefe. Gigante es un protegido de Macri. Esas cosas en Cambiemos tampoco se perdonan.

Al mismo tiempo, Vidal sumo a Iván Budassi, a quien dejó al frente de ARBA en los primeros meses de su gestión pese a que venía de la administración de Daniel Scioli, para comandar la transición. Si se tiene en cuenta qué opina del gobierno anterior, ese detalle demuestra que la gobernadora valora a Budassi. Pero la incorporación es también un “punto” a favor para De La Torre, que gana poder. Se trata de un ministro con una única misión relevante: llevar la relación con el peronismo del Conurbano.

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