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Panorama político: El peronismo provincial, entre la unificación y la fragmentación
El acuerdo de unidad que terminó sellando el PJ bonaerense esta semana, luego de las negociaciones más arduas que se recuerden en mucho tiempo, marca el retorno del poder territorial de ese sector de la oposición al centro del tablero político y lo abre a nuevas perspectivas de acumulación, acordes con un tiempo social marcado por cierta idea de moderación. Sin embargo, no resuelve aún la cuestión de la fragmentación, un activo esencial para María Eugenia Vidal, que tas bambalinas fogoneó todo lo que pudo el entendimiento

26/11/2017 | 14:21
(Por Andrés Lavaselli, De la Redacción de DIB).- El acuerdo de unidad que terminó sellando el PJ bonaerense esta semana, luego de las negociaciones más arduas que se recuerden en mucho tiempo, marca el retorno del poder territorial de ese sector de la oposición al centro del tablero político y lo abre a nuevas perspectivas de acumulación, acordes con un tiempo social marcado por cierta idea de moderación. Sin embargo, no resuelve aún la cuestión de la fragmentación, un activo esencial para María Eugenia Vidal, que tas bambalinas fogoneó todo lo que pudo el entendimiento

La conducción que tomará el poder formal del peronismo el 17 de diciembre expresa en superficie un acuerdo de los intendentes de la primera a primera sección con los de la tercera: el Presidente, Gustavo Menéndez (Merlo) representa a la primera y Fernando Gray (Esteban Echeverría) a la segunda. Pero en lo profundo es otro el significado: marca el comienzo de un nuevo momento político del peronismo provincial, definido por el diálogo con el gobierno de Vidal y la apertura al retorno de sectores que se habían alejado.

Esa ecuación equivale a decir que el kirchnerismo ya no es hegemónico. O, más directamente, que la derrota de Fernando Espinoza, que se vio forzado a retirar su lista porque casi nadie lo apoyaba, lo impacta. Es que la imposibilidad de imponer al matancero es la verdadera explicación de la prescindencia de La Cámpora y de la propia Cristina Kirchner, que no colocaron candidatos en ninguna lista solo para que no se note que no podían vencer a Menéndez.

Para que quede claro dónde se para, en sus primeras declaraciones tras el acuerdo, el próximo presidente del Partido dijo que quiere de vuelta en el PJ a Sergio Massa y a Diego Bossio. Son dos enemigos jurados de Cristina, casi detestados por el kirchnerismo tanto como aborrecen a Macri. Cerca de Menéndez afirman, además, que tardará menos que poco en enviar señales a los gobernadores del llamado peronismo federal. Ellos, como el intendente, juegan a ser opositores “razonables”.

Entre los ganadores no todo es color de rosa. Gray y Menéndez se recelan. O, para ser más precisos, Martín Insaurralde, que puso allí a Gray, es un escollo para Menéndez, que quiere por supuesto más que el cargo formal que acaba de aconseguir. Insaurralde ganó mucho con el acuerdo, para que el que trabajó con denuedo, en tándem con varios pares del peronismo y también con Federico Salvai y Manuel Mosca, dos de los principales operadores políticos de la Gobernadora.

El lomense es ahora una especie de Miguel Pichetto de Vidal: el interlocutor, siempre levemente crítico, que hace el puente con un peronismo al que la proyección futura de la derrota pasada transformó en dócil. Es lo que dicen los alcaldes (la mayoría de ellos, porque hay otros que siguen fieles a CFK) cuando dicen que tienen que gobernar y que, para eso, tienen que encontrar puntos de entendimiento con la Gobernadora, dueña de una caja reforzada como hace décadas no se veía.

El esquema supone una mutación: el massismo deja de ser el aliado principal de Cambiemos, que ahora trabajará con los intendentes, que ofrecen la ventaja de un bloque propio en Diputados comandado por Julio Pereyra, otro excomulgado K. La confirmación llegará en pocos días: la vicepresidencia del cuerpo –reducida en poder concreto pero simbólica y monetariamente importante- será para Federico Otermín o Marisol Merquel. Responden a Insaurralde o a Hugo Corvatta, otro intendente.

Hay una razón suplementaria para el respaldo de la Gobernadora: entronizar a los delegados de los intendentes supone mantener dividido a los bloques peronistas. Es que en Diputados hay unos (la cuenta es lábil porque las fronteras para algunos son porosas) 20 camporistas con bancada propia, contra de 8 a 10 peronistas territoriales. En Senadores la mayoría K es tan abrumadora -11 de 15- como irrelevante, ya que, una vez aprobada la Ley de Impuestos, Vidal tiene el número para todo el resto.

De hecho, la Gobernadora aparece ya desentendida de esos desplazamientos: puso proa a la paritaria, última discusión importante del año. La clave son los docentes, ya que descuenta un nuevo acuerdo con UPCN y el resto de los gremios más cercanos. Sus negociadores ya definieron que volverán a usar la cláusula gatillo. Creen que en Suteba y FEB cayeron los prejuicios que tendían contra el mecanismo o lo harán a fin de año, cuando paguen un diferencial de aumento contra inflación que estiman en tono al 1,5%.

La nueva apuesta, tanto como el porcentaje –que imaginan en torno al 12 por ciento- será una cláusula para asegurar que las clases comiencen el 5 de marzo, aunque la discusión siga abierta. Dicen que para ellos serán clave algunas concesiones antes de que termine el año. Parece demasiado el optimismo: interrumpir el inicio del ciclo lectivo es un argumento de peso dentro del léxico sindical de los últimos lustros. Aunque Vidal está en racha… Se verá. (DIB)

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