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Panorama político bonaerense: Un triunfo y una incógnita
El claro triunfo en las PASO que dejó al oficialismo a un paso de consolidarse como la primera minoría política del país tuvo una de sus excepciones en la provincia de Buenos Aires, donde el escenario de extrema paridad entre Cambiemos y Unidad Ciudadana favorece a María Eugenia Vidal pero a la vez oculta una de las claves de esenciales del tiempo político que parece abrirse: el destino que le deparen las urnas a Cristina Fernández en octubre y, por lo tanto, su rol en el devenir del peronismo.

20/8/2017 | 21:18
(Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- El claro triunfo en las PASO que dejó al oficialismo a un paso de consolidarse como la primera minoría política del país tuvo una de sus excepciones en la provincia de Buenos Aires, donde el escenario de extrema paridad entre Cambiemos y Unidad Ciudadana favorece a María Eugenia Vidal pero a la vez oculta una de las claves de esenciales del tiempo político que parece abrirse: el destino que le deparen las urnas a Cristina Fernández en octubre y, por lo tanto, su rol en el devenir del peronismo.

A ese suspense electoral contribuye, en alguna medida, la difusión de los datos electorales que realizó el Gobierno, con sospechosa metodología. Y, por ciento, con resultados prácticos opinables. Es que el retraso selectivo en la carga de votos transformó lo que sustancialmente es un empate con sabor a triunfo para Cambiemos en un ítem a favor de CFK. Tan es así que la Expresidenta planea dar su primera conferencia de prensa el día en que el juez Juan Manuel Culotta confirme el triunfo que casi todos coinciden que obtuvo, la mayoría por menos de 1 punto.

Es probable que nunca se determine a ciencia cierta qué ocurrió aquella noche, pero hasta ahora un dato pasó desapercibido: antes de salir a festejar, Mauricio Macri recibió el llamado de un funcionario bonaerense que le aseguró que, en la provincia, la elección, que en ese momento Cambiemos ganaba por cinco puntos, terminaba con una derrota de Fernández por dos o tres. Tal vez, más que una operación planificada, fue una maniobra improvisada para diferir el resultado final y evitar, así, una gaffe del Presidente.

Paradojas de la política vernácula, si es que existió, esa avivada –por llamarla de algún modo - es menos grave que el fraude del que Julián Domínguez acusó a Aníbal Fernández en 2015, pero le proveyó a la jefa de ambos (¿ex del primero?) un punto de apoyo para encarar el reinicio de la campaña. Sin ese episodio, no hubiese sido posible la victimización actual, preludio de un probable intento de enésima reinvención de la épica K. En contrapartida, diluyó el efecto sorpresa que buscó instalar Cambiemos filtrando en la previa que perdía.

Vidal, por eso, ordenó replegarse en la gestión. Le conviene que pase el ruido de la denuncia y la reversión del resultado, para que aflore una cuestión de fondo: la del domingo fue en la Provincia una mala elección de Cristina en el mismo sentido que fue una buena de Cambiemos. Dos datos lo demuestran: CFK, cuyo búnker pronosticaba una diferencia a favor de 6 puntos, no solo empató, obtuvo 59.705 votos menos que Aníbal Fernández en las generales de 2015. A Bullrich-Vidal le alcanzó, en cambio, para generar optimismo pese a que perdió 156 mil votos en el interior, allí donde hace su diferencia a favor.

Los datos reales, cree Vidal, envía un mensaje al PJ respecto del “techo” electoral que limita a la Expresidenta destinado no solo a los gobernadores que buscan conformar un polo de poder partidario en su contra, sino que también le habla a algunos de los intendentes bonaerenses que le sirven de apoyo. La cuestión se relaciona con una de las lecturas que predominan por estas horas: una de las proyecciones nacionales más importantes del resultado bonaerense es que CFK obtuvo un nivel de votos tal que, de repetirse en octubre, le permitiría seguir siendo un actor importante del peronismo pero a la vez le impediría liderarlo, porque no son números que la instalen como posible ganadora en 2019. El razonamiento, se ilusionan en el oficialismo, podría funcionar como una especie de profecía autocumplida que ayude a restarle apoyo a Cristina en octubre. Gobernadores que perdieron, como Juan Schiaretti o Gustavo Bordet, ya lo intentan: en sus provincias ya se votó contra la vuelta de la Expresidenta, insisten sin temor que los acusen de buscar justificarse. Hay, claro, una contra lectura: el resultado de las PASO no permite descartar un triunfo de CFK en octubre, aunque fuese por un punto. Y si eso ocurre quedará como la líder peronista con más votos probados. Eso, en el peronismo, no es poco. De ahí, otra vez, la centralidad del resultado bonaerense.



NUEVA AGENDA

Hay otro costado, poco transitado, por el cual Vidal ya festeja la elección. Proyectado, el resultado provisorio, prevé un cambio de escenario copernicano en la Legislatura, donde Cambiemos pasaría a tener quórum propio en Senadores y quedaría a 5 de lograrlo en Diputados, Cámara en la que 1País quedaría con 15 escaños ¿Si esa fuerza fue, en esa misma Cámara, la contraparte de un pacto de gobernabilidad con el oficialismo cuando Sergio Massa era un presidenciable, qué ocurrirá si octubre confirma lo ocurrido hace una semana y diluye a avenida del medio?

A favor de esos cálculos, comienza a filtrarse una cierta agenda parlamentaria que no es nueva ni será confirmada oficialmente por nadie, pero que es factibles por la sencilla razón de que expresa objetivos de fondo de Vidal. Figuran allí la división de La Matanza (y tal vez un distrito vecino), para la cual el oficialismo asegura que no necesita dos tercios de los votos, la reforma del Estatuto docente, con la cuestión del presentismo y la declaración de la educación como servicio esencial para limitar los paros como puntos clave. Hay que sumar modificaciones, esta vez de fondo, en la estructura de la policía provincial. Las reformas estructurales, versión Vidal.



CUENTAS Y POLÍTICA

Esas eventualidades, con todo, dependen del resultado de octubre. En ese punto, la incógnita es dé dónde saldrán los votos que permitan el desempate. Un punto poco mirado es el nivel de participación: fue 77% en las PASO, pero en los últimos años nunca bajó 81% en las Generales. Son casi 500 mil votos que podrían sumarse y que, en teoría, son tendencialmente más afines al gobierno ya que el hecho de que se hayan absetenido hace pensar en sectores más despolitizados. En tanto, hay 300 mil votos “huérfanos”: los que apoyaron a candidatos que no pasaron el piso del 1,5% y no podrán presentarse en octubre. A la inversa, la mayoría son “progresistas” y por eso, se supone, más proclives a acompañar a Cristina. O a no apoyar una opción de centro derecha.

En paralelo, la composición del voto que lograron retener Massa y Florencio Randazzo, los grandes derrotados del domingo, es una cuestión de primer orden que miran en los comandos e campaña de Cambiemos y UC . Un estudio de uno de las consultoras que acertó los resultados de la PASO, Synopsis, da algunas pistas. El 37% de los votantes que optó por 1País dijo que volvería a hacerlo, mientras que el 38% migraría a Bullrich para bloquear al CFK y el 10% haría lo inverso. Respecto de Randazzo, el 57% lo seguiría acompañando, un sorprendente 14% iría a Cambiemos y un 17% a UC. Hay que tener en cuenta que Massa, el que tiene el electorado menos fiel y más cercano a Vidal, es también quién más cantidad de votos para ceder tiene.

Son solo ejercicios numerológicos, pero orientarán parte de los discursos y el marketing de la campaña que ya arrancó. Menos en la superficie, está la política. Allí, Massa y Randazzo quedaron claramente a la defensiva, trabajando contra la licuación de sus espacios. Y eso porque si la polarización se reedita los que expondrán capital político no será solo ellos: también se perjudicarán los intendentes, que exponen respaldo en sus concejos deliberantes.

Un dato permite calibrar el riesgo: el domingo pasado, Randazzo gano solo en dos comunas y Massa, igual.

La respuesta usual suele ser entregar la boleta local escindida del tramo nacional y provincial, para desentenderse de la suerte del candidato que podría traccionar hacia abajo. Joaquín De La Torre, el ministro de Vidal de paso previo con el Frente Renovador, ya trabajaba para acelerar esta decisión con 10 alcaldes massistas. Dicen que no habrá pases, pero que se piden garantías bastante concretas de apoyo post octubre.

La moneda de cambio es obvia: se trata de las mismas “garantías de gobernabilidad” de las que habría hablado un delegado de Vidal con Juan Zabaleta y Gabriel Katopodis antes de las PASO, para que se queden con Randazzo. Esa vez sirvió pero en la general, se juega poder en serio. Y Cristina tiene para ellos, una oferta que ahora podría valer más: votos. Para ayudarla no es necesario un paso y, tampoco, que Cumplir se baje. De algo de eso, dicen, ya habló el alcalde de Hurlingham con Máximo Kirchner.

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