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Panorama político bonaerense: Replanteos y fuego amigo en el tramo final
De lo que se habla en los despachos oficiales es de la posibilidad de que un triunfo de CFK encarezca el financiamiento que el plan económico necesita para pagar intereses y sostener la baja gradual del déficit en 2018 y 2019. Ese escenario obligaría a Macri a una mayor dureza macroeconómica, lo que a su vez podría transformarlo en un presidente con potencial de solo cuatro años en vez de ocho

6/8/2017 | 11:14
(DIB).- Con las PASO a la vuelta de la esquina, el oficialismo deja de lado el tono despreocupado con el que arropaba la extraña teoría según la cual perder por poco era casi mejor que ganar. E intenta anticipar lo que se suponía sería la segunda etapa de su plan: la apropiación de votos “útiles” que abandonen a Sergio Massa, espantados por la posibilidad real de que triunfe Cristina Kirchner. Sin embargo, el obstáculo más desafiante para Cambiemos tal vez no sea hoy un opositor.

La de Cambiemos es, de algún a manera, una carrera contra el tiempo: torcer lo que el promedio de las encuestas sigue marcando como una posible derrota en solo dos semanas. No es imposible. Pero tampoco es fácil. El dispositivo para lograrlo implica una primera admisión: el discurso sobre la inocuidad de una derrota por poco margen en las PASO, no corre más. Entre otras cuestiones, porque su contracara, el efecto que potencia en la general al que gana la primaria, se dio más veces que el inverso.

El dato, elemental, se conocía desde hace tiempo. Pero también otra certeza era sabida: en términos políticos, los efectos de una derrota en la provincia son muy difíciles de compensar con una victoria nacional, como demuestra la experiencia de 2009. Y sin embargo, su constatación parece de repente roer los nervios de los estrategas oficialistas, sobre todo de los que reportan a la Casa Rosada.

Es que, en el fondo, de lo que se habla en los despachos oficiales es de la posibilidad de que un triunfo de CFK encarezca el financiamiento que el plan económico necesita para pagar intereses y sostener la baja gradual del déficit en 2018 y 2019. Ese escenario obligaría a Macri a una mayor dureza macroeconómica, lo que a su vez podría transformarlo en un presidente con potencial de solo cuatro años en vez de ocho, como es ahora.

El razonamiento, además, tiene contexto regional: la última encuesta de Data Folha da a Lula Da Silva ganando. También puntea José Manuel López Obrador en México. Las dos últimas elecciones en América Latina, Nicaragua y Ecuador, las ganaron candidatos anti liberales ¿Y si en vez de llegar a la posibilidad de discutir una reelección acaudillando una ola subcontinental de centro-derecha, Macri lo hace en medio de un reingreso del neopopulismo?

Vidal, por eso, es esencial. De ahí que también quedara descartada la idea de quitarle centralidad si los números no acompañan. Ella mismo dejó en claro a qué apuntan el jueves en Tandil: bajo el slogan de “ahora es el momento convencer a los que dudan” late no solo la orden de ir por los indecisos. Es una directiva para buscar ya el voto filo massista, al que como se sabe suponen captable por rechazo a la vuelta de Cristina.

El problema es que para lograrlo, al parecer, deberá sortear un obstáculo inesperado, que no proviene desde El Calafate o Tigre, sino desde el Banco Central y es más insidioso en el ánimo de la clase media que el discurso de cualquier candidato: el precio del dólar. No es un secreto que Vidal no entiende por qué Federico Sturzenegger eligió este momento para permitir que el mercado corrija el atraso.

La estrategia no la pone de buen humor, dicen en su entorno. Allí no desmienten que la expulsión del abogado penalista Pedro Biscay del directorio del Banco tenga más que ver con eso que con las declaraciones contra el presidente Macri y su política. La economía, como se ve, se volvió esencial para Cambiemos. Parece sensato: el kirchnerismo solo perdió en 2009, 2013 y 2015, cuando el PBI no creció o lo hizo a una tasa menor del 2,5%.

Para Cristina Fernández y para Sergio Massa, que además de corrupción el oficialismo empiece a hablar de economía es una buena noticia, porque es el campo en el que se sienten más cómodos. La expresidenta, que mantiene su campaña en piloto automático, actúa en el fondo como si ya hubiese ganado. O como si una mayor visibilidad activara el rechazo.

Massa, en tanto, asegura que su pelea ahora es contra Florencio Randazzo. “La polarización se gastó, la usaron muy temprano y ya no atrae como discurso”, dice en la intimidad. Él también asegura que Cristina puntea, y muestra a los suyos una encuesta de Hugo Haime que lo da cerca del Esteban Bullrich, porque “Cambiemos cayó mucho en el conurbano y va a caer más”. Tal vez sea una ilusión, pero la usa para apuntalar la idea de que “los únicos que pueden impedir la vuelta de CFK no son los macristas”. Igual que Cambiemos, pero al revés.

Cierto discurso del oficialismo, que iguala a todos los líderes peronistas, no parece la mejor manera de esterilizarlo: ¿Cómo pedir el voto a un massista (o a un randazzista) solo para bloquear a Cristina, si al mismo tiempo se le dice que su primera opción es lo mismo que la expresidenta? (DIB)

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