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La cerámica rojense que llegó a la China
Viajaron con motivo de realizarse el Simposio de Yixing 2017, al que Guillermo Mañé asistió como invitado y a cuyo comité organizador se sumó a partir de este año.

4/7/2017 | 07:27
Los ceramistas Guillermo Mañé y Lorena Cámara regresaron recientemente de China, país al que viajaron con motivo de realizarse el Simposio de Yixing 2017, al que Mañé asistió como invitado y a cuyo comité organizador se sumó a partir de este año.

En el caso de Guillermo Mañé, es la segunda vez que visita el país asiático, esta vez invitado para participar de la actividad mencionada, que transcurrió entre el 15 y el 28 de abril pasados.

Yixing es conocida como "la ciudad de las teteras", porque a esa producción se dedica principalmente desde hace más de cinco siglos. Cuenta con un museo de arte, que es el organizador del simposio, y hay unos 50.000 ceramistas profesionales.

Del simposio participaron unos ochenta artistas provenientes de veinticinco países. Hubo una muestra de trabajos en un museo que quedó así inaugurado.

Cabe señalar que del Consejo Directivo de la organización forma parte una ceramista argentina muy reconocida, Vilma Villaverde, y a partir de este año también Guillermo Mañé lo integra.

Lorena Cámara, por su parte, llegó a China por primera vez, y si bien no participó del simposio, realizó distintas actividades vinculadas con la cerámica. Según expresó, "la experiencia nos servirá para cambiar la mirada sobre lo que hacemos acá".

Ambos artistas cuentan con gran reconocimiento nacional y, en el caso de Mañé, también internacional. No es la primera vez que trasciende las fronteras por distintos motivos relacionados con su profesión (artísticos, docentes, etc.).

Guillermo Mañé posee el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Artes Visuales que se realiza habitualmente en el Palais de Glace de la Capital Federal, mientras que Lorena Cámara ha obtenido el Primer Premio en ese mismo certamen, el más importante del país.

Ambos artistas son porteños, pero residen en Rojas desde hace más de veinticinco años. Llegaron debido a que la familia materna de Lorena Cámara, los Murray, vivió en Rojas a lo largo de varias generaciones, y todavía conservan un establecimiento rural.

Refiriéndose a lo realizado durante el viaje, Guillermo Mañé explicó que "me invitaron nuevamente para participar de este simposio del que ya había participado hace dos años. Enseguida agarré viaje, porque había sido una experiencia buenísima. Fue en la misma ciudad que el anterior, aunque como característica diferencial hay que mencionar que aquella vez fuimos treinta ceramistas de once países, y esta vez éramos ochenta de veinticinco países".

"La modalidad de trabajo es siempre la misma: cada uno trabaja en aquello a lo que se dedica habitualmente, con la única limitación de la medida de las piezas, porque obviamente no se puede hacer algo más grande que el horno. Todos trabajamos libremente siguiendo nuestra propia inclinación, y dejamos obras terminadas que se hornearon al finalizar el simposio en un horno tradicional, a leña, que se estaba estrenando en ese momento. Los patrocinadores contrataron a un ceramista coreano que fue un par de meses antes justamente a construir ese horno", añadió.

Con respecto a la relación entre ceramistas, consideró Mañé que "fue extraordinaria, porque a pesar de ser mucha gente, de procedencia distinta, la relación humana fue excelente. Durante el trabajo podíamos circular por el espacio del taller, y tuvimos una relación muy directa. La lengua franca era el inglés, que cada uno hablaba como podía, pero había un núcleo bastante duro, importante, de hispanoparlantes. Había mesas de habla hispana, otras de habla inglesa y algunas multilingües, y era muy divertido todo esto porque se nota que la gente que tiene voluntad termina entendiéndose de cualquier manera. Nos trataron excelentemente bien, porque los chinos son muy buenos anfitriones, gente muy respetuosa. Fue una experiencia profesional y personal, humana, sumamente interesante. Los chinos, los coreanos, tienen una tradición milenaria y un conocimiento profundo sobre la cerámica, que nos hace pensar que tenemos muchísimo camino por recorrer".

También mencionó una visita realizada junto a Lorena Cámara a una ciudad del centro de China, capital desde la antigüedad, "donde hay un museo impresionante con un registro de etapas muy antiguas hasta otras más recientes, de producción de culturas clásicas. Esa recorrida, fuera del ámbito del simposio, nos permitió tomar contacto con producciones que forman parte de nuestra producción. Vimos cómo se producen determinados tipos de cerámica, desde hace más de mil años con continuidad, y se ve que actualmente desde el Estado se promueven esas producciones para darle a esos pueblos relevancia dentro del ámbito nacional a partir de la tradición de cada uno. Entonces, los pueblos que fueron ceramistas pueden rescatar esa tradición, se convierten en destinos turísticos, y todo esto cambia rápidamente a los pueblos, porque China está experimentando hoy un proceso acelerado de transformación y desarrollo".

A su turno, Lorena Cámara comentó que "llegué sola a Shanghai, una ciudad donde lo muy antiguo convive con lo moderno. Hay mucha historia, pero también el tren magnético que va a 430 kilómetros por hora, o el edificio más alto del mundo. Uno se siente realmente en un imperio, un lugar preparado para la población que tiene; está pensado y preparado para albergar a una gran población".

"Tuve oportunidad de conocer a ceramistas de distintos países. La cerámica es un idioma universal, y la gente que había ahí tenía una manera de ser muy particular, de compartir el trabajo. Nos pasearon, nos llevaron a un jardín de té, nos introdujeron en sus ceremonias, fuimos a un templo budista, y después hicimos un recorrido muy vinculado con la cerámica. China es como un paraíso para nosotros, tanto por lo milenario de la cultura como porque todo es exhorbitante para nosotros. Fue un recorrido muy bueno, con mucha historia", agregó.

"Lo que China le deja a uno, más allá de lo grandioso de todo, es que te cambia la mirada. A la vuelta, entré al taller con una mirada totalmente diferente. La forma de ver el trabajo es otra, en cuanto al uso de herramientas, y demás. Si bien no estuve trabajando en China, algo en la cabeza se mueve. Hay que ver cómo uno va asimilando este cambio", concluyó.

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