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Vidal, entre renovar un acuerdo y revolucionar una negociación
La dificultad de la primera de esas discusiones estuvo clara desde el principio: Vidal necesita votos del massismo y a la vez del peronismo tradicional para alcanzar la mayoría especial requerida. Para la aprobación del presupuesto.

13/11/2016 | 12:22
(Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- Con el estresante fin de año a la vuelta de la esquina, la gobernadora María Eugenia Vidal da signos de acelerar dos definiciones macro políticas de primer orden: el complejo esquema de acuerdos que permita la aprobación de un presupuesto con un alto nivel de endeudamiento y un nuevo sistema de negociación salarial con los empleados del Estado. De la resolución de esos dos expedientes depende algo así como el piso sobre el que comenzará a desarrollarse el electoralmente crucial 2017.

La dificultad de la primera de esas discusiones estuvo clara desde el principio: Vidal necesita votos del massismo y a la vez del peronismo tradicional para alcanzar la mayoría especial requerida. Y lo que puede ofrecer a cambio a un interlocutor, a veces tiene que negárselo al otro. Esa restricción explica decisión de aceptar la reedición del fondo de $7.500 millones para que los intendentes hagan obras que el ministro de Gobierno, Federico Salvai, le comunicó a un reducido grupo de alcaldes radicales a mitad de semana. La medida resuelve al mismo tiempo una demanda del Frente Renovador y de las tribus peronistas, desde Grupo Esmeralda al Patria.

Las conversaciones, igual, son trabajosas. Por caso, Vidal salió enojada del último encuentro con Massa. A la gobernadora le disgustó que el diputado se despachara con nuevos pedidos (más carga tributaria a los bingos como los que maneja el amigo presidencial Daniel Angelici, sugerencias de una profundización de la reforma policial combinada con una convocatoria multipartidaria sostener la política de seguridad) a cambio de un apoyo que ella creía que ya había quedado cerrado cuando le cedió la presidencia de Diputados a Jorge Sarghini.

No fue el único motivo de contrariedad: a Vidal tampoco le gustó que un sospechoso usuario de Twitter filtrara una foto capturada a la salida de Elena, el restaurant del hotel Four Season donde mantuvo la reunión con Massa que, se suponía, era secreta. En el entorno de la mandataria alguien recordó que en un encuentro con el mismo interlocutor, alguna vez le pasó lo mismo a José Manuel De La Sota. Por eso, para el cara a cara programado para esta semana, seguramente el gobierno tomará recaudos extra: si no hay acuerdo, una foto conjunta sería especialmente contraindicada para Vidal.

Como fuere, Vidal no tiene mucho espacio para pensar en las picardías de la política. Su objetivo es acelerar el acuerdo porque, además del dinero para funcionar en el año electoral, está en juego la resolución de una controversia interna del macrismo: ¿cedió demasiado cuando le otorgó a Massa el control de la cámara Baja provincial, como le reprochó Emilio Monzó? El desafío, ahora, es recuperar ese espacio de poder –que ocupará, si sus planes se concretan, Manuel Mosca-, aunque tenga que ceder sillones en otros organismos.

Con el peronismo la complicación es otra. Deriva de la falta de definición de CFK: cómo nadie sabe qué va a hacer con su posible candidatura bonaerense, no termina de emerger un liderazgo alternativo que unifique un sector que pueda convertirse en interlocutor del gobierno. Lo comprobó Vidal cuando exploró la posibilidad de poner en ese lugar a Florencio Randazzo. Por eso, ahora todas las fichas están puestas en que haya alguna “traición” al acuerdo de unidad de Lobos. Dicen en el gobierno que ese movimiento ya está acordado. Y mencionan a un grupo de intendentes dialoguistas o a la idea de que todos, menos La Cámpora, aporten votos. Habrá que ver.

Contención

En paralelo a la evolución de ese escenario, el gobierno buscará aplicar una mutación importante al esquema de negociación con los gremios estatales que rigió durante la última década. Se trata de un intento de acordar antes de enero un aumento salarial para todo el año próximo. Esa conversación ya comenzó, pero se hará formal una vez que se cierre el aumento para lo que resta del año. Vidal, con todo, ya tiene en su escritorio la oferta que están haciendo a algunos dirigentes gremiales, de modo informal, sus funcionarios: cuatro aumentos trimestrales de 4,5% cada uno (aplicables en el segundo mes de cada trimestre comenzando en febrero), con una cláusula gatillo para corregir a la alza si se dispara la inflación medida por el Indec, que se haría operativa también cada tres meses. El número en juego apenas supera la inflación prevista en el presupuesto nacional, pero es una cifra para empezar a conversar.

La intención que explicitará el Gobierno es dar “previsibilidad” a los trabajadores. La que no mencionará consiste en evitar un desgastante debate salarial el año de las elecciones.

Mientras, Vidal buscará cerrar la negociación de este año que, espera, contribuya a asegurar la paz social durante las fiestas. Para eso, está dispuesta a otorgar un último incremento de hasta el 4 por ciento. En su equipo, un ministro impulsa el pase a planta permanente de 15 mil empleados sin estabilidad, cuya vinculación con el Estado vence a fin de año. Otro, habla de una medida suplementaria “de contención económica” que se anunciará el mes próximo. El pase casi es un hecho, respecto de lo segundo, no son pocos los que piensan en la posibilidad de que finalmente haya un bono.

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