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(Panorama Político Bonaerense) Un clima enrarecido, en versión bonaerense
Según Macri (o sus ministros) hay un intento de desestabilización promovido por un sector de la política, básicamente el kirchnerismo, que aprovecha la tensión naturalmente emergente del ajuste económico que el nuevo gobierno se habría visto “obligado” a realizar para promover un final anticipado. En ese relato, la intención de zafar de investigaciones por corrupción sería central. Para Vidal, el problema central es diferente: no está en la política, sino en la policía Bonaerense.

4/9/2016 | 18:01
(Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- La gestión de María Eugenia Vidal quedó esta semana empantanada en un lodo del que la gobernadora quiere salir lo más rápido posible: el de las denuncias e intimidaciones que ella y algunos miembros de su equipo vienen sufriendo, en teoría, de parte de sectores que resisten algunas de las políticas en ejecución, en especial las relacionadas con la Policía y el Servicio Penitenciario.

Aunque Vidal ordenó a su entorno bajar el tono del tema, porque no quiere quedar pegada en una estrategia de “victimización” que tiña todo su discurso político de desesperanza y lo corra del eje de la transformación “posible” de la Provincia, la gobernadora no pudo evitar que, del cúmulo de mensajes intimidantes, tres trascendieran, básicamente porque su entorno les otorgó credibilidad.

Uno es el llamado al 911 desde una cárcel de La Plata, durante el cual un preso dijo que iban a “reventar” el gobierno de Vidal. El otro, es el hallazgo de un cartucho calibre 16 marca “Orbea” en la casa en la que la gobernadora vivió hasta hace un mes, antes de mudarse a una base militar. El tercero es el más grave: una conjura desestabilizadora protagonizada por comisarios expulsados de la Bonaerense, revelada por un arrepentido.

Como en el caso de los policías que fueron encontrados urgando en su despacho o en el del ingreso a la casa de su ministro de Gobierno, Federico Salvai, la justicia aún no produjo avances significativos en ninguna de las causas que abrió para investigar esos episodios. La falta de resultados es tal que hasta existen dudas sobre la identidad del preso que llamó al 911.

En ese vacío, el entorno de la Gobernadora introdujo su interpretación: toda esa actividad proviene de sectores policiales y penitenciarios que “resisten cambios”, un eufemismo para decir que no quieren soltar cajas de recaudación ilegales. Más allá de su certeza, la hipótesis tiene un primer rasgo notorio: difiere de la explicación que da el gobierno nacional del origen del clima “enrarecido” por el cual define esta coyuntura.

Según Macri (o sus ministros) hay un intento de desestabilización promovido por un sector de la política, básicamente el kirchnerismo, que aprovecha la tensión naturalmente emergente del ajuste económico que el nuevo gobierno se habría visto “obligado” a realizar para promover un final anticipado. En ese relato, la intención de zafar de investigaciones por corrupción sería central. Para Vidal, el problema central es diferente: no está en la política, sino en la policía Bonaerense.

Esa distinción, además de patentizar una incipiente colocación divergente del Presidente y la Gobernadora en el escenario, les impone desafíos diferenciados. Mientras Macri debe asegurar una reconversión económica que no aniquile la política de Cambiemos, la Gobernadora debe resolver cómo moverse en un esquema argumental que supone que alguien tan poco afín a su ideología como León Arslanián tenía razón sobre los efectos de la Bonaerense sobre la gobernabilidad (y la inseguridad, habida cuenta de, por caso, la ola de secuestro express).

Mientras resuelve el enigma, la Gobenadora ya da pasos con vistas al próximo escenario urgente: las elecciones del año próximo. Esta semana, con más presencia en el interior y fotos con Elisa Carrió y Esteban Bullrich, comenzó a mostrar sus cartas electorales. A esa baraja hay que sumar por ahora a Jorge Macri. Y ver qué pasa con el radicalismo, que antes de definir si obligará al oficialismo a una interna en 2017 debe resolver si puede evitar la propia dentro de un mes.

Del otro lado, crece la idea de que Cristina Fernández de Kirchner podría intentar una candidatura bonaerense, aunque algunos hablan de otras posibilidades: una dupla Daniel Scioli/Sergio Berni para senadores y diputaos, o la irrupción de un alcalde “ultra”. Cualquier versión de esa eventualidad es, hoy, la mejor opción para Cambiemos, que a 9 meses de asumir el gobierno necesita que el peronismo esté dividido si quiere plantearse la posibilidad de una victoria electoral.

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