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(Informe Central) ¿Qué hacer con nuestra juventud?
Los festejos del día del amigo provocaron serios e innumerables problemas, que amenazan repetirse en el del estudiante. ¿Quién debe actuar? ¿El Estado, la familia, la sociedad... todos en conjunto? Junto con la psicóloga Silvina Fernández analizamos un problema que es aún más complejo de lo que parece, en el que los jóvenes son víctimas, no responsables.

14/8/2016 | 13:28
Con los graves sucesos ocurridos durante los festejos del día del amigo como antecedente, y en vísperas de otra celebración similar, la del día del estudiante (para la cual falta poco más de un mes), recrudeció el debate sobre cómo manejar en nuestra ciudad los aspectos que tienen que ver con la juventud.

El asunto no se reduce únicamente a la necesidad de intervenir en aquello vinculado al esparcimiento juvenil, ya que sus conductas son el fruto de todo un conjunto de elementos que se desprenden de sus expectativas, sus necesidades de transgresión (propias de la edad), su realidad, el modo en que se relacionan con los demás, y otros aspectos.

La comunidad se pliega al debate, pero con algunas particularidades: lo hace, en primer término, buscando a quien se haga cargo de manejar las situaciones para evitar que se salgan de madre; y segundo, una vez desmadrado el asunto, tratando de determinar quién tiene la culpa. Obviamente, ninguno de esos es el camino que nos llevará a buen puerto.

Los jóvenes de nuestra ciudad están en riesgo, eso es evidente. Pero lo están en todos y cada uno de los minutos de sus vidas, y no el día del amigo o del estudiante. En Rojas no hay demasiado para elegir: existe una comunidad juvenil dispuesta a hacerse daño a sí misma con drogas, con alcohol, con abusos, con el uso irracional de autos, motos y cuatriciclos, con cualquier combinación de lo ya nombrado, o con muchas cosas más. Y mientras el Estado no puede responsabilizarse por conductas individuales, las familias son impotentes para modificar los comportamientos sociales. Una acción conjunta se torna, por lo tanto, imprescindible si es que realmente se busca algún resultado positivo.

INTERES SOCIAL E INTERESES INCONFESABLES

Para lograr que la juventud cambie y se oriente hacia actividades saludables, obviamente hay que ofrecerle alternativas. No alcanza con sugerir o imponer qué no debe hacerse, sino que es imprescindible que existan aquellas posibilidades "sanas" a las que cada joven debería volcarse.

Pero aquí se choca con un problema: si sólo se tratara de ofrecerle a los jóvenes una alternativa saludable para que encaminen su vida; si el asunto quedara reducido únicamente a incentivarlos para que adoptaran una conducta determinada, la solución del problema sería sencillísima.

La solución no es sencilla, justamente porque no se trata solo de incentivar, sino de "pelear" contra intereses creados muy poderosos, a los cuales les conviene que la juventud consuma alcohol y drogas, y no les importa que se conviertan en adictos o que, bajo la influencia de algunas de tales sustancias, adopten conductas autoagresivas o dañinas para terceros. Encaminar a la juventud implica enfrentarse con esos intereses, que todo el tiempo trabajan para mantener a los chicos bajo su influencia. He aquí la dificultad más grande.

Queda claro que no se pretende que una familia, o un grupo de ellas, o inclusive un gobierno municipal de un pequeño pueblo perdido en medio de la pampa húmeda, asuma el compromiso de terminar con uno de los poderes globales más fuertes que existen, como es el narcotráfico. Ni siquiera con los mercaderes del alcohol. Pero al diagnóstico hay que hacerlo, porque las soluciones llegarán luego de que se comprenda cabalmente el problema y se adopten conductas adecuadas. No vamos a terminar con el narcotráfico; pero tenemos que ver cómo cuidamos a nuestros chicos, que son sus víctimas.

LAS ALTERNATIVAS

En Rojas existen alternativas saludables, positivas, útiles para encaminar a la juventud hacia sus propios y verdaderos intereses. Las escuelitas de fútbol, sumadas a las divisiones inferiores, cobijan a alrededor de 1.500 chicos en nuestra ciudad. El Conservatorio supo tener 400 alumnos. Las escuelas y talleres municipales, el TAFS, otros deportes, la música, ofrecen centenares de posibilidades para que los chicos se desarrollen, individual y socialmente.

Las alternativas están. La voluntad, desde la sociedad y desde el Estado, también. Haría falta encontrar los mecanismos de trabajo en conjunto para conseguir que se potencien los espacios saludables en desmedro de aquellos que sólo sirven para producir daños. Los chicos son transgresores, pero también necesitan contención. Una acción mancomunada entre todos los actores: Estado, familia, instituciones, es la única manera de dársela.

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