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Un pueblo a punto de hundirse en el barro en una localidad de Río Segundo, Córdoba
El pueblo tiene otra vez sus calles como ríos. Tensión entre vecinos y autoridades. Reclaman saber “de dónde viene tanta agua”.

12/4/2016 | 10:22
El agua avanza y divide posiciones entre los vecinos del Pozo del Molle, su colonia rural y gobernantes. La paciencia también se rebalsó de tanto esperar soluciones: el pueblo acumula tres años de encontrarse cada tanto con sus calles y caminos convertidos en ríos.

Tras varios días de lluvia, la mitad de este pueblo de siete mil habitantes volvió a quedar inundado, como en marzo pasado.

La mayor tensión se vivió al mediodía de ayer dentro del ­edificio municipal. Fue una caliente reunión de la que participaron unos 30 vecinos, productores agropecuarios, el intendente Carlos Salvático y funcionarios provinciales, quienes recién accedieron al salón cuando la Policía intervino para garantizar la seguridad y que todos mantendrían calma.

“Nos estamos quedando sin pueblo”, gritó un vecino entre insultos, mientras otros tra­taron de contenerlo. Hay descontento, intranquilidad y desconfianza. El pueblo quiere saber de dónde viene tanta agua. Dicen que no hubo lluvias tan abundantes como para acarrear semejante caudal.

Tras la inundación de marzo se hizo un muro de contención, que fue derribado ahora por la corriente, que suma aguas de una amplia zona. Según cálculos oficiales, ingresan 15 mil litros por segundo al pueblo.

La falta de explicaciones concretas por parte de las autori­dades contribuyó a abonar una creencia ya arraigada: hay muchos convencidos de que el agua viene de un desvío del río Ctalamochita (o Tercero) construido para evitar que se inunde Villa María. Pero ese cauce está a 90 kilómetros y en medio hay dos rutas y una autopista.

Son los mismos vecinos que sospechan que las autoridades lo saben, pero lo ocultan. Casi, como una conspiración.

Dante Supertino, veterano y memorioso, levantó un viejo cuaderno y exhibió datos, por ejemplo que el 19 de febrero de 1984 llovió 233 milímetros en 10 horas “y al día siguiente no había agua en el pueblo ni en los campos”. Todos coinciden en que antes llovía y no se inundaban y que ahora, aunque llueva poco, igual se inundan.

Algo cambió

Para el intendente Salvático, en los últimos años algo varió para que el agua de toda una región baje hacia su pueblo. Reclama que se controle si hay canales y terraplenes clandestinos en los campos. “Cada productor trata de solucionar su problema, sacándose el agua de encima”, señaló. Varios vecinos asintieron esta posición.

El camino que baja desde del cementerio trae el grueso del agua y se mete de lleno, transformando a las calles Cervantes y Colón en poco menos que navegables. Los vecinos construyeron puentes con maderas y apilaron bolsas de arena en sus puertas. La escuela San Martín tiene el agua en la vereda y suspendió las clases.

Jorgelina Cejas, de 64 años, era ayer la única evacuada. El sábado su hija le armó la cama en el comedor porque en el dormitorio había entrado agua, pero el domingo la situación empeoró y se la llevó a su casa.

Todo esto ocurre sobre el lado norte de la ruta 158, donde el pueblo “tiene forma de palangana” y recibe lo peor. En la parte sur no hay agua en las calles, pero se registran hundimientos de inmuebles. La iglesia, el Banco de Córdoba y algunas viviendas se han hundido hasta 15 centímetros. Las veredas ceden y las paredes y techos se agrietan. Las napas, que hace una década estaban a 20 metros de profundidad, desde hace un par de años brotan del suelo.

“Es un hecho sin precedentes. Todas las contenciones fueron superadas. El clima nos gana la batalla. Sólo nos queda implorar que nos den una mano de la Provincia”, admitió casi rendido el intendente.

Obras prometidas

Juan Pablo Brarda, director de Recursos Hídricos de la Provincia, explicó ante los vecinos –en esa misma tensa reunión– que se está trabajando para abrir una zona de escurrimiento que desagote más rápido al pueblo y hacer un corte que evite el ingreso de agua.

Sobre la cuenca, Brarda dijo que tratarán de concentrar el flujo en los arroyos Asna, Manantial y Acequial, y que se generarán cinco retardadores y reguladores de crecidas en la parte alta, para poder conducir mejor el agua y que ya no derive por los campos hacia ese punto, como un embudo.

Salvático fue gráfico al describir que hoy Pozo del Molle está asentado “sobre una gelatina”, porque en buena parte ya no hay tierra sino barro, que cede y se mueve. Creyó no exagerar al advertir que si no hay solución “hay que pensar que el pueblo puede desaparecer”.

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