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(Panorama) El verdadero inicio del gobierno de Vidal
La aprobación del Presupuesto fue mucho más que la primera batalla política importante que gana la gobernadora María Eugenia Vidal: marcó el final de la transición –o el comienzo real de su gobierno-, al abrir la puerta al despliegue de un programa que encierra reformas profundas y riesgosas de estructuras clave del Estado.

18/1/2016 | 09:05
(Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- La aprobación del Presupuesto fue mucho más que la primera batalla política importante que gana la gobernadora María Eugenia Vidal: marcó el final de la transición –o el comienzo real de su gobierno-, al abrir la puerta al despliegue de un programa que encierra reformas profundas y riesgosas de estructuras clave del Estado. Y, en el mismo movimiento, contribuyó a un posible cambio de hegemonía en el heterogéneo campo peronista, que sigue siendo su principal rival electoral.

El jueves, la Legislatura dio el OK al Presupuesto, la Ley Fiscal y a dos emergencias. Pero en realidad, solo debatió sobre una cuestión, la autorización de endeudamiento, que fue fijada en 60 mil millones de pesos. Esa centralidad es fácil de explicar: para una administración que en su primer mes debió recurrir a adelantos (reintegrables) de coparticipación por 13 mil millones de pesos solo para pagar sueldos, no lograrlo hubiese sido condenarse a repetir el pasado antes de arrancar.

Claro que Vidal apenas logró asegurarse una condición necesaria para cumplir con los objetivos que se trazó, porque no necesariamente los 50 mil millones disponibles para el gobierno central (los 10 mil restantes irán a los municipios) le aseguran el éxito. Pero le dan, dicen en su entorno, el aire necesario para arrancar un año que será “austero” y comenzará con tres meses de “estabilización”, dedicados en buena medida a pagar deudas, con proveedores y con organismos del propio Estado.

Ese plazo coincide con tres cuestiones clave: la negociación salarial con los empleados públicos, especialmente los docentes, con potencialidad para afectar prestaciones básicas y, por tanto, el humor de la ciudadanía; la finalización de una auditoría sobre el empleo público, que será utilizadas para tomar decisiones sobre el tamaño del Estado; y una reforma de la Carta Orgánica del Banco Provincia, que podría imprimir un giro de 180 grados en la relación de la entidad con el resto del Estado.

Iniciada casi en paralelo con una devaluación, la discusión salarial empezará con un posible acuerdo metodológico y una segura discrepancia de cifras. Es que los gremios pedirán un aumento inicial y una nueva discusión a mediados de año, y el gobierno quieren lo mismo. Es un punto de contacto que se explica por la expectativas sobre la inflación, aunque gremios y gobierno le atribuyan una evolución inversa luego del pico de estas semanas: creciente los primeros, decreciente el segundo.

El número, claro, será el eje de discusión a partir de febrero. En el entorno de Vidal creen que la paritaria nacional que trabajan Esteban Bullrich, Rogelio Frigerio y Alfonso Prat Gay contendrá una oferta del 15%. Alineados, planean, en principio, trasladar esa cifra a una mesa en la que se sentarán dirigentes como Roberto Baradel, que ya habló de un 40 por ciento, como mínimo. Aunque fuese para todo el año, esa cifra es incompatible con una “cuota inicial” como la que piensa el Ejecutivo.

La reforma de la Carta Orgánica del Banco fue tal vez una consecuencia “virtuosa” del difícil trámite parlamentaria de la autorización de endeudamiento, que en números redondos bajó de 90 mil a 60 mil millones porque se quitaron casi 30 mil millones que diversos organismos del Estado le deben su entidad financiera. Vidal aceptó porque confía en conseguir una nueva autorización de deuda, en marzo, para resolver esa deuda. Y mientras tanto, un sector de su gobierno diseña la reforma.

El nuevo modelo de Banco Provincia será el Banco Ciudad, del cual el nuevo presidente de la entidad bonaerense fue vicepresidente ocho años, durante los cuales secundó a Rogelio Frigerio, el actual ministro del Interior. Como además tiene costados políticos, Curutchet y el ministro de Economía, Hernán Lacunza, ya conversaron sobre la reforma con Frigerio, con vista a avanzar en marzo, en paralelo el intento de ampliar la habilitación de endeudamiento.

Básicamente, la nueva Carta Organiza eliminará la posibilidad de que el Banco sea el agente financiero del Estado provincial, tal como ocurre en la Ciudad Autónoma, pero deja en pie la posibilidad de asistir a los municipios. Aunque en el equipo económico de Vidal creen que el último presidente del Banco en la gestión de Daniel Scioli, Gustavo Marangoni, dice la verdad cuando explica el origen “heredado” de la deuda del Estado con la entidad, la crítica, al menos implícita, es clara.

En los planes del Ejecutivo, el punto álgido de la discusión por los sueldos antecederá en apenas unos días con la finalización de una serie de auditorías que viene realizando sobre el empleo públicos, que se completa con relevamientos del estado en el que recibieron toda clase de dependencias públicas. Es sabido que en el patrón argumental del macrismo una cosa explica la otra, al menos parcialmente. Pero ahora podría ir más allá y usar los argumentos como justificación de las acciones.

Es que altas fuentes del Ejecutivo tiene un pre informe que indica que la cantidad de “contratados” alcanza, en varios sectores de la administración, casi al 20% del total de agentes públicos. Y sobre ellos está poniendo la lupa. Se trata de personal no político, con nivel en el escalafón inferior al de director provincial. La aclaración es válida porque Vidal había dicho que reduciría, en hasta 30%, la planta política.

Aunque ahora eso parece estar siendo reevaluado, en el Ejecutivo se atajan: se verá caso por caso, se evaluarán funciones y cumplimiento de las pautas contractuales, no habrá decisiones “a priori”, basadas en criterios políticos ni masivas. Se verá, pero la prudencia se impone, no solo porque se trata de fuentes laborales, es decir, de personas. También existen motivos más egoístas: se juega ahí parte de la gobernabilidad de Vidal.

Con la vista fija en triplicar los fondos para la obra pública, que el endeudamiento permite engordar hasta los 13 mil millones de pesos, en el gobierno manejan un último recurso para cambiar el perfil financiero: la modificación del funcionamiento del Fondo del Conurbano, una idea más practicable que el cambio de la coparticipación. Espadas legislativas nacionales de Cambiemos trabajan en un proyecto para restituir el 10% del impuesto a las ganancias como mecanismo. Son, en sus cálculos, 13 mil millones de pesos.

La otra área del Estado que se planea avanzar con reformas importantes es el de la seguridad, en sentido amplio. Luego de la experiencia de la triple fuga dejó su marca y la purga parcial de la cúpula de la Bonaerense fue solo el comienzo. La eliminación de DDI y de Departamentales ya está siendo diseñada, lo mismo que la expulsión de más jefes (y policías de escalafón inferior). Podría combinarse con un rediseño del área de Asuntos Internos, para que gane independencia funcional respecto de la policía y sume auditores externos.

Al Servicio Penitenciario también le tocará. El gobierno cambió allí cúpula y jefes de algunos penales porque la triple fuga se dio después de un motín en la cárcel de Barker y conatos en varias otras. Y porque cree que la corrupción, sobre todo en el sistema de compras, es endémica. Aunque hizo aprobar una emergencia en el Parlamento, después buscó sacar el tema de agenda: es lógico, sabe que allí cualquier cambio (que podría incluir jefaturas de penales) es resistido con violencia.

LA ENTRETELA

La posibilidad de que ese plan de gobierno arranque no fue la única consecuencia del presupuesto. La votación del endeudamiento terminó de desnudar la tensión que recorre a un peronismo que, en tren de renovación, tiene relaciones cada vez más complejas con el Frente para la Victoria. En especial, con su sector más “puro”, La Cámpora, como demuestra el caso de José Ottavis, el jefe de esa agrupación que comanda (todavía) el bloque de Diputados.
Antes de que Ottavis comandara la oposición al pedido de endeudamiento, la oposición “peronista” en ese bloque tenía 12 miembros, comandada por José Abarca. Hoy, la división es 20 a 16 y coincide con cómo se votó el jueves: los mayoritarios pasaron a ser los que resisten a Ottavis. No fue magia, fue intransigencia y olvido de que los intendentes, aunque no hayan puesto candidatos en las listas legislativas que diseñó Cristina Fernández de Kirchner, siguen siendo un factor de poder importante.

Para La Cámpora el problema no es solo numérico. Son varios los que dicen que un mensaje interno ya fue emitido: si Ottavis no entrega la Presidencia, el bloque se quiebra en febrero o marzo, cuando vuelva la actividad parlamentaria. “Está todo muy roto, el jueves, antes de la sesión, ni siquiera pudo hacerse una reunión de bloque para acordar una postura. Tuvimos que mandar a Marcelo Feliú y Héctor Quinteros a decirle a Ottavis lo que íbamos a hacer”, cuentan.

Para los intendentes peronistas, la ganancia no fue solo por los fondos extra. Muchos quedaron mejor posicionados como interlocutores de la gobernación, aunque no hay por ahora posturas unificadas que recorran todo el espinel. Se ensayan, eso sí, combinaciones notables. Como la de los representes del nuevo G-8 (intendentes jóvenes comandados por Martín Insaurralde) con Sergio Massa, un día antes de aprobarse el presupuesto. Además de la postura en la Legislatura, ¡se habrá hablado del futuro del PJ?

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