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Frustrada sesión en la legislatura bonaerense da señales de cómo será el juego parlamentario en este ciclo
La frustrada sesión de la Legislatura bonaerense en la que debían tratarse los proyectos de Presupuesto y Ley Impositiva 2016 y las emergencias en Seguridad, Servicio Penitenciario e Infraestructura confirmaron algunas de las presunciones que se trazaron tras la constitución del nuevo mapa parlamentario luego de las elecciones de octubre y dejaron algunas señales que las autoridades deberán tener en cuenta para asegurarse una travesía sin demasiadas turbulencias en los primeros dos años de mandato.

3/1/2016 | 01:05
(Por José Giménez, jgimenez@dib.com.ar).- La frustrada sesión de la Legislatura bonaerense en la que debían tratarse los proyectos de Presupuesto y Ley Impositiva 2016 y las emergencias en Seguridad, Servicio Penitenciario e Infraestructura confirmaron algunas de las presunciones que se trazaron tras la constitución del nuevo mapa parlamentario luego de las elecciones de octubre y dejaron algunas señales que las autoridades deberán tener en cuenta para asegurarse una travesía sin demasiadas turbulencias en los primeros dos años de mandato.

En el terreno de las confirmaciones, aparece el alto poder de fuego que mantiene el Frente para la Victoria, que pese a la aplastante derrota que sufrió en toda la provincia y a los cortocircuitos internos mantuvo una bancada capaz de hacer daño si se lo propone, puesto que sin su apoyo es imposible aprobar cualquier ley que requiera una mayoría especial (dos tercios de los presentes), como es el caso de los permisos de endeudamiento.

Desde el kirchnerismo habían advertido de forma solapada, antes de la elección de autoridades, que dejarlos marginados del reparto e impedirles el acceso a los organismos de control pese a ser la primera minoría iba a tener consecuencias indeseables.

Aunque el dato resultaba obvio, el nuevo oficialismo subestimó la situación y apostó a las internas para intentar mellar la unidad kirchnerista, algo que en principio pareció dar resultados en el Senado, donde la bancada K, de 18 integrantes, se partió en dos.

Del lado de las señales a futuro, el primer detalle que el oficialismo deberá ajustar es la conducción política de las negociaciones: aunque necesaria para asegurarse el apoyo massista en la etapa más turbulenta del mandato de María Eugenia Vidal, la elección de Jorge Sarghini como presidente de la Cámara de Diputados dejó al experimentado legislador en una situación compleja. Pese a sus buenos oficios, el dirigente platense no tiene margen para maniobrar las negociaciones con el FpV por la lógica razón de que no forma parte del oficialista Cambiemos. De este modo, en los últimos días de tironeos se transformó en un mero mediador y su capacidad de conducción quedó mellada en el inicio mismo de su mandato pese a que, en rigor, él mismo no haya cometido ningún error.

Otro dato que no resulta menor es el cambio de lógica que el Ejecutivo quiso imprimirle a las negociaciones, proponiendo una discusión estrictamente “técnica” sobre el Presupuesto, sin poner sobre la mesa las pujas políticas que forman parte de cada debate de este tipo. Como se dijo más arriba, el kirchnerismo pretendía ocupar, como primera minoría, espacios importantes en los organismos de control y de la Constitución, pero Vidal no envió ningún guiño en ese sentido, aplazando la mayoría de las decisiones. Por el contrario, los únicos lugares que sí estaba dispuesta a ocupar a la Gobernadora fueron casi un desafío al kirchnerismo duro, que encabezaba las negociaciones en Diputados, en cabeza del presidente del bloque, José Ottavis: los cinco pliegos del Banco Provincia (este año había un lugar extra por la renuncia de Dámaso Larraburu) se repartían a razón de tres para Cambiemos (Felipe Hughes, Carlos Pérez y Mario Biondi) y dos para el massismo (Daniel Arroyo y Mario Meoni). Otros dos lugares estaban destinados al sciolista Luciano Di Gresia (Tesorería General) y Luciano Di Césare (Contaduría General), un hombre peleado con la agrupación juvenil.

Pese a que frente a los micrófonos se predique lo contrario, este tipo de intercambios políticos es usual en la Legislatura para destrabar negociaciones complejas. Sin ir muy lejos, Daniel Scioli debió sacrificar un sillón en el directorio del Banco Provincia (entre otras concesiones) para que el massismo le otorgue los permisos de endeudamiento cuando en 2013 esa bancada se encontraba en las mismas condiciones del FpV de monopolizar la mayoría especial.

LOS PUNTOS EN DISPUTA

Mucho se habló la semana pasada sobre los motivos que llevaron al kirchnerismo a rechazar la propuesta oficial del Presupuesto. Un análisis sobre las razones “técnicas” obligaría a cualquier analista a comenzar por los pedidos de endeudamiento solicitados por el Ejecutivo.

Se trata de casi 110 mil millones de pesos, reducidos según la última propuesta oficial a 60 mil millones, 10 mil de los cuales irían destinados a financiar obras de infraestructura en municipios. La principal queja del kirchnerismo es que la mayoría de ese endeudamiento no estaba imputado: es decir, que no se especifica cuál iba a ser su destino específico, una información que debe aparecer en las planillas anexas que, según indicaron desde el FpV, no fueron entregadas.

Los diputados de la primera minoría reclamaron a Vidal una fuerte reducción en los montos de endeudamiento, algo que para el Ejecutivo resultaba inaceptable, puesto que –según señalaron- en su gran mayoría está destinada a atender el serio déficit de las cuentas provinciales. El punto más polémico es el artículo 33, que reclama 28.500 millones para constituir un “fondo de liquidez” destinado a evitar la falta de fondos en caja. Eso le otorgaría, según el kirchnerismo, un alto grado de discrecionalidad a Vidal en el manejo de los fondos.

De todos modos, esta situación no explica del todo el lento ritmo que la bancada K le imprimió a las negociaciones. El llamado de la expresidenta Cristina Fernández, a Ottavis, generó suspicacias y quejas en el oficialismo, que directamente explicó la decisión del FpV como una “orden” de CFK.

Pese a ello, mucho incidió la fuerte interna que mantienen los dos “sub bloques” que conviven hasta ahora: uno integrado por el camporismo y aliados, y otro que representa al peronismo territorial, que aunque más pequeño, podría garantizar los tan ansiados dos tercios. En efecto, gran parte de las negociaciones del martes ocurrieron puertas adentro del FpV, que recién a las 17 horas logró conciliar una propuesta común luego de que los “rebeldes” amagaran con romper la unidad. Aunque más tarde Ottavis y Walter Abarca, los “líderes” de ambos espacios, fueron a negociar juntos con los representantes de Cambiemos para disimular las fisuras, las heridas no cerraron del todo y la amenaza de la ruptura continúa latente.

En este escenario, solo una certeza asoma en el panorama legislativo bonaerense: quienes hasta diciembre fueron oposición aún no se acostumbraron a actuar como oficialismo, mientras que quienes ostentaban esa categoría todavía no se amoldan a su nuevo rol de opositores.

CONTINÚAN LAS NEGOCIACIONES

Tras la tormenta generada por la no aprobación del Presupuesto 2016 y ya con la ley de 2015 prorrogada, el Ejecutivo bonaerense intentará retomar cuanto antes las negociaciones en la Legislatura.

La urgencia es doble: por un lado, el Gobierno de María Eugenia Vidal necesita los permisos de endeudamiento para ingresar fondos frescos a las arcas provinciales, mientras que también debe hacer efectivos los aumentos impositivos incorporados en la ley correspondiente, que tampoco fueron tratados.

Fuentes legislativas indicaron a DIB que retomarán los contactos cuanto antes para aprobar las leyes, de ser posible, en enero. No obstante, Cambiemos no convocará a sesiones extraordinarias hasta no tener la certeza de que los proyectos obtendrán el visto bueno mayoritario. Hasta esta tarde, Vidal no había respondido al pedido de audiencia solicitado por Ottavis, y en la Legislatura se desconoce cuál será en adelante la modalidad de negociación.

Por el momento, las posiciones están polarizadas, pero el Ejecutivo insistiría en seducir a intendentes con beneficios fiscales para los municipios que, sumados a la “ayuda extra” que está girando para el pago de salarios, podrían generar una fuerte presión de los jefes comunales hacia sus legisladores, lo que acortaría el margen de maniobra del FpV.

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