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Panorama Político Bonaerense, el efecto de las lista sábanas
Mientras la aparición de las primeras encuestas sobre el escenario electoral post PASO impuso una reevaluación de las estrategias en la oposición, agitada también por algunos chispazos que ya produce la eventualidad de un balotaje, en el oficialismo la necesidad de mejorar la perfomance en la provincia para evitar esa segunda vuelta operó como acicate de una “unidad” que pone al peronismo, por sobre el kirchnerismo “puro”, en el centro de la escena.

7/9/2015 | 09:05
LA PLATA, (Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- Mientras la aparición de las primeras encuestas sobre el escenario electoral post PASO impuso una reevaluación de las estrategias en la oposición, agitada también por algunos chispazos que ya produce la eventualidad de un balotaje, en el oficialismo la necesidad de mejorar la perfomance en la provincia para evitar esa segunda vuelta operó como acicate de una “unidad” que pone al peronismo, por sobre el kirchnerismo “puro”, en el centro de la escena.

Desde el comienzo del año hasta esta semana, en Cambiemos primó una certeza que ahora está en duda: que la perfomance de María Eugenia Vidal se explica, básicamente, por el arrastre de los votos de Mauricio Macri. Tres encuestas que dan a la candidata a gobernadora empatando o superando a Aníbal Fernández, su rival del FpV, son la base para esmerilar esa certeza: las tres marcan que la intención de voto de la vicejefa de Gobierno es superior a lo que cosecha, hoy, Macri en Provincia.

En el entorno de Vidal hablan de la posibilidad de que sea ella la que traccione a Macri, en un escenario que solo sería posible si ocurriese un corte de boleta similar al que llevó a Francisco De Narváez a superar a Ricardo Alfonsín por algo más de seis puntos, en 2009. Pero esa euforia podría desmentirse: las encuestadoras preguntan por candidatos aislados, no reproducen la situación real de voto, cuando los electores se encuentren con una oferta completa, de presidente a intendente.

Como fuere, Vidal aparece con un piso elevado en el arranque de la recta final hacia octubre, alentada por otro dato que recogieron las encuestas: por ahora al menos, Fernández no suma todos los votos que tuvo su rival, Julián Domínguez. Uno de los encuestadores que precisó ese aspecto, detectó que sólo el 75% del caudal del diputado va al jefe de Gabinete. El resto tiene destino incierto, pero teniendo en cuenta el perfil del votante del FpV, es probable que el beneficiado sea Felipe Solá.

El problema para la vicejefa de Gobierno sigue siendo el perfil amarillo puro que impuso Jaime Durán Barba a Cambiemos: si quiere operar el “milagro” de derrotar al peronismo en la provincia, debería sumar votos de ese perfil. Por ahora no parece lograrlo: lo que está ganando con la módica sangría de votos “independientes” que pierde el Frente Renovador, lo pierde con la migración de la porción de votantes de Domínguez que por ahora no parece lograr fidelizar Fernández.

Aunque casi pasó desapercibida, Vidal formuló en ese sentido una aclaración importante: dijo que no habrá pactos locales con el massismo, lo que podría interpretarse en el sentido de que no los habrá formalmente. Vidal se opuso a bajar candidatos PRO en distritos del Conurbano a cambio de que los massistas beneficiados repartan la boleta nacional de Macri ¿Una manera de priorizar la elección en Provincia, donde no hay balotaje?

No todas son buenas noticias para “Mariu”, además: el caso de Fernando Niembro, contratista del Estado controlado por el gobierno que luego lo llevó de primer candidato, aún no fue convincentemente aclarado. Es que no alcanza con argumentar la legalidad de una práctica que, más allá de que lo sea, aparece reñida con un espacio que viene haciendo del slogan “una nueva forma de hacer política” una marca de identidad y un código de diferenciación del PJ, sello de origen, por otra parte, del periodista.

Solá también cree que puede sumar votos “dominguistas”. Por eso se opuso a acordar con el macrismo. El problema, para él, es que el Frente Renovador comienza a mostrar grietas en un tema clave: los apoyos en un eventual balotaje. El exgobernador trató de “inmadura” a Mónica López por adelantar que ella apoyará a Scioli sobre Macri.

Resulta sintomático que el reproche no fuera por mentir, sino por opinar antes de tiempo. Para colmo, el propio Solá debió desmentir un acuerdo con Daniel Scioli.

De fondo, aparece la común filiación peronista de López y de Solá, que podría adelantar lo que pasaría con una porción del massismo expuesto a la tensión de optar entre un presidente PJ y uno que se parece bastante al antiperonismo clásico, aunque ahora se empeñe en emitir señales en contrario. Pero si la grieta por la que se colaron esas opiniones se agranda, el impacto podría darse en octubre, presionando sobre la porción del electorado de UNA que privilegie la identidad peronista sobre el rechazo al kirchnerismo.

MOVIDA DE UNIDAD

En el oficialismo, el objetivo para la provincia es el mismo: recuperar hasta cuatro puntos de voto “peronista”. La estrategia es sumar votantes que no concurrieron en agosto, pero también recuperar “compañeros” que no acompañaron en las PASO, dicen en el entorno de Scioli. Una manera elegante de admitir que la contracara de la polarización con el macrismo que impone la renovada decisión de mostrarse “ultra K” es la intención de arrebatarle apoyos peronistas al massismo.

El primer paso, para eso, se dio ayer, con la cumbre de “unidad” del PJ bonaerense para alinear a todos tras Scioli y Fernández y relanzar la campaña. Es, como suele ocurrir en el PJ, una muestra de la racionalidad que impone la posibilidad de perder, o en todo caso, la necesidad de no arriesgarse a una segunda vuelta. También, una demostración de que las cosas no van como se esperaba: nadie relanza una campaña que marcha bien.

Veteranos de mil batallas, es probable que Domínguez y Fernández trabajen en el mismo sentido a partir de ahora. Pero algunas heridas parecen abiertas todavía: las advertencias a La Cámpora que se escucharon en Mar del Plata sobre el hecho de que el “proyecto” ahora se llama “Daniel Scioli” lo demuestran. Aunque menor, la ausencia de Martín Sabbatella, que aunque no es peronista es el compañero de fórmula de Fernández, también.

Con todo, el objetivo central se cumplió. Ahora se verá si los intendentes que juraron lealtad logran que en octubre no se repita una situación que todavía molesta al gobernador: la supremacía de los candidatos locales sobre él mismo en más de 70 ciudades de la provincia. Es que aunque vaya más gente a votar y le quiten voluntades al massismo, si eso no ocurre, el repunte que necesita Scioli en PBA difícilmente se produzca.

Fernández también aparece atado a esa estrategia. “Yo soy el corcho, si sube el agua, subo yo también”, dijo, en referencia a la intención de voto del oficialismo. Además de una confesión acerca de que la hipótesis que hablaba de un triunfo propio en octubre más allá de la suerte que corriese el gobernador no es suya, se trata de una admisión de cuánto pesa para él estar incluido en una lista sábana. Igual que lo que piensan cerca de Vidal, aunque allí las conclusiones son inversas: lo que al jefe de Gabinete lo puede beneficiar, a ella puede perjudicarla.

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