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Panorama político bonaerense: fidelización y Conurbano, las nuevas claves

23/8/2015 | 20:01
LA PLATA (Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- Fidelización y Conurbano. Aunque a veces con connotaciones opuestas, esas dos palabras resumen lo esencial de los planes que se tejen en los campamentos partidarios a poco más de una semana de las PASO, con una campaña en semi “stand by” que retomará impulso hoy a raíz de las elecciones en Tucumán, pero cuyo foco indefectiblemente estará puesto en la provincia de Buenos Aires, el territorio que vuelve a afirmarse como la llave del poder nacional aunque, por ahora, los movimientos allí sean más soterrados que públicos.

Obligado por las inundaciones que siguen causando estragos, Daniel Scioli dedicó parte de la semana a desplegar una estrategia de “contención de daños”, que tuvo su punto central en la reunión con las entidades que representan a los propietarios de campos. El movimiento político fue calcado de otros que el gobernador ensayó cada vez que hubo tensión con el sector. Y como en otras ocasiones, recibió inevitables críticas, aunque de tono leve. Esta vez, además, fueron expresadas en un documento que recién pudo ser consensuado horas después de concluido el encuentro.

Scioli sabe que los dirigentes con los que habló vienen de la zona de la provincia donde peor le fue el 9 de agosto, el interior, donde la crecida de las aguas abre un panorama eventualmente muy complejo para el FpV en octubre. Por eso, para él, la movida tuvo un saldo relativamente positivo, que se suma a otro hecho que destacan en su comando de campaña: la aparición junto a la Presidenta el jueves, que significó en realidad el fin del clima de hostilidad que, vía “ninguneo”, emanó hacia él desde la Casa Rosada en los quince días anteriores.

La campaña real, en tanto, reinició lejos de esos escenarios públicos y marcada por el diagnóstico del oficialismo (compartido por la oposición y ya comentado aquí) de que la clave de octubre será la provincia. Scioli, que sigue enojado por el resultado bonaerense, comenzó a hablar personalmente con varios alcaldes, para pedir explicaciones: quiere saber por qué ellos sacaron más votos que él, una incógnita que, según dicen en su entorno, también tiene respecto del comicio en Chaco y en Salta, donde estuvo por debajo de los candidatos de Urtubey y de Capitanich.

Mientras su equipo lo secunda en esa tarea en municipios que quedaron bajo la “lupa”, como Mar del Plata, donde el jefe de campaña, Alberto Pérez, fue personalmente a ver a Gustavo Pulti, Scioli también abrió líneas de diálogo con algunos intendentes del Conurbano que perdieron la interna pero no por ello su capacidad de daño, sobre todo si cierran algún tipo de pacto con la oposición. Mariano West de Moreno, Raúl Othacehé, de Merlo y Darío Giustozzi, de Almirante Brown son algunos de ellos. Esa contención no es fácil para el sciolismo: expone su relación con La Cámpora.

TENSIONES

Esa estrategia, que entiende la fidelización del voto propio de agosto como un paso previo indispensable para intentar sumar en provincia los cinco o seis puntos extra que, calcula el oficialismo, lo salvará de la peligrosa segunda vuelta, tiene su correlato en la oposición, aunque bajo otros parámetros. Allí, la cuestión podría resumirse en una fórmula brutal: ¿podrá Cambiemos mejorar en el Conurbano? Solo así podría achicar significativamente la diferencia de unos 900 mil votos que el oficialismo le sacó en agosto.

La incógnita, a la que el equipo de campaña provincial, comandado por Emilio Monzó y Jorge Macri, comenzará a buscarle respuesta mañana, en una reunión que se realizará a la vuelta de las mini vacaciones de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, tiene un correlato territorial clave: la primera sección electoral, que comprende a los distritos del Conurbano que concentran la mayor renta per cápita. Allí gano también el oficialismo, pero para el macrismo-radicalismo lo importante es que se trata de la base de poder del massismo.

Es que en las tiendas de Cambiemos, dicen para los micrófonos que podrían sumar algo del voto que tuvo en agosto Julián Domínguez, pero cuando esos micrófonos se apagan se muestran menos convencidos de que vaya a producirse esa sangría peronista hacia un candidato como Macri, que además encabeza una alianza con el radicalismo. Por eso, su verdadero objetivo prioritario son los votos “útiles” opositores que podría perder el massismo. Y teniendo en cuenta que la tercera sección está más o menos “alambrada” por el FpV, el territorio natural para buscarlos es la primera.

Con todo, se trata de una empresa delicada: en el intento de “desdibujar” al massismo, el macrismo podría provocar una sangría que, dependiendo de la dimensión que adquiera, podría beneficiar también al oficialismo. En las mesas de arena del FpV creen que aún en el caso de un reparto de votos de fuga que favorezca a Cambiemos 2 a 1, el oficialismo podría alcanzar la meta de la segunda vuelta, teniendo en cuenta que partiría de los nueve puntos de ventaja que obtuvo en las PASO.

Claro que son especulaciones: el massismo parece firme en su intención de interponerse como una cuña en la polarización. No parece casual que desde el entorno del tigrense difundieran una encuesta que indica que el propio Massa retiene en la provincia el 80% del voto que en agosto tuvieron los dos candidatos de una sumados. Tampoco, que eleven al 85% esa cifra para el caso de la primera sección. Y no es gratuito el énfasis de Felipe Solá en mantener su postulación, que obviamente atrae básicamente voto peronista.

De hecho, las conversaciones en la oposición por ahora se restringen a un acuerdo de fiscalización conjunta, para el que ya prestaron un consentimiento preliminar Cambiemos y Progresistas, el frente de Margarita Stolbizer. El massismo, por su parte. Si todavía no participaron de ese diálogo, es porque están preocupados por otra cosa: armar un esquema que contenga a sus intendentes, que podría tentarse a repartir también la boleta de Macri en octubre, como modo de tender puentes con el candidato opositor que mejor mide.

No es la única tensión en el FR: la denuncia de Felipe Solá sobre robo de votos, que en realidad hace referencia a maniobras perpetradas por fiscales en la confección de planillas, roza a varios intendentes propios, a quienes responden esos fiscales. Eso no quiere decir que Solá tenga razón en su denuncia, pero demuestra cómo puede funcionar la lógica electoral en los territorios. Por si fuera poco, en el massismo no son pocos los que creen que Solá actúa sobre la base de información que, al menos parcialmente, aporta algún sector del FpV al que no le fue bien en las PASO.

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