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Panorama político bonaerense: algunas conclusiones tras el cierre
Tras un cierre de listas que, como todos, fue complicado y jalonado de algunas sorpresas de última hora, emerge en la provincia de Buenos Aires un escenario donde el kirchnerismo duro apuesta a consolidar su presencia en la Legislatura.

22/6/2015 | 11:06

 
LA PLATA, jun 21 (Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- Tras un cierre de listas que, como todos, fue complicado y jalonado de algunas sorpresas de última hora, emerge en la provincia de Buenos Aires un escenario donde el kirchnerismo duro apuesta a consolidar su presencia en la Legislatura (tal vez con algo menos de énfasis que en el esquema nacional para el Congreso), con el PRO como fuerza hegemónica de la oposición que, se percibe, quedó en posición de ampliar su representación, mientras que en el nivel de las candidaturas a la Gobernación, la principal expectativa quedó centrada, en principio, en la única interna electoralmente relevante, que protagonizarán Aníbal Fernández-Martín Sabbatella contra Julián Domínguez-Fernando Espinoza.

Es que la existencia de esa interna, si es que se mantiene hasta el 9 de agosto, singulariza la oferta del FpV: tanto el Frente Renovador, con la reedición, a última hora, de la postulación de Felipe Solá acompañado del exministro Daniel Arroyo, como Cambiemos, que sumó, en un trámite bastante desprolijo, al radical Daniel Salvador como compañero de fórmula de María Eugenia Vidal, optaron por la unificación, con la ventaja relativa que esa opción supone de cara a unas PASO que podrían funcionar como una suerte de primera vuelta, al menos en términos de generación de expectativas en el electorado. Es cierto que Progresistas también tiene internas, pero nada indica que ese frente esté en condiciones reales de disputar el poder provincial.
Vale aclarar que el esquema del oficialismo no es el producto de la “primera” intención de la conducción nacional del FpV: todo el mundo sabe que el armado es el producto “posible” del vacío que en el escenario del oficialismo creó la negativa de Florencio Randazzo a aceptar una candidatura que también en este sector había sido diseñada como única. Lo concreto es que ahora quedó en pie un dibujo interesante: aunque todos están bajo el paraguas innegable del kirchnerismo, Fernández parece haber optado por una fórmula “mixta”, abierta al sector no PJ del oficialismo, mientras que Domínguez (con una ayuda clave de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner) logró sintetizar un binomio “peronista puro”.

En principio, Domínguez y Espinoza, parecen apostar al peso del territorio, un respaldo que buscaron explotar con una presentación de fórmula que escenificó que la mayoría de los intendentes de peso, que no quieren a Sabbatella, y muchos de los gremialistas más importantes, trabajarán con ellos. Del otro lado, Fernández parte con un nivel de conocimiento que tal vez sólo pueda compararse con el de Solá, pero que su rol en el Gobierno nacional potenciará, aunque también lo expondría a “patinazos”. También debe remontar una imagen negativa relativamente alta. Sabbatella aporta kirchnerismo no K con algo, poco, de territorio, pero muy compaginable con un clima de época en el cual esos sectores, como se usa decir ahora, se “empoderaron”.

En la oposición, hay como se dijo fórmulas unificadas, lo que puede ser o no una ventaja: por un lado permite un trabajo de instalación más claro, aunque por el otro, las disputas internas suelen tonificar los armados, hacerlos más visibles, más presentes en las consideraciones de los electores. Solá, como ya se dijo, tiene sus fortalezas: es muy conocido, siempre tuvo buena imagen y nadie puede negarle el conocimiento de una provincia que gobernó, aunque sus decisiones de ese entonces serán posiblemente reevaluadas. Lleva un vice que, como él, tiene pasado K, lo que tal vez no sea disfuncional a un massismo que, hasta ahora, parece amagar con intentar un reposicionamiento a costa del macrismo.

Si para Solá remontar el estigma de haber sido un “plan B" del massismo y superar el límite que plantea una tracción nacional que se adivina no excesivamente potente será dos ítems clave, para Vidal, los desafíos en parte son inversos: todo indica que Macri tendrá un caudal de votos respetable, pero el nivel de conocimiento de su candidata no termina de levantar. Su compañero de fórmula no parece una elección sino la consecuencia de haber decidido reducir la tensión interna en su frente. Aportará seguramente simpatía del votante radical: su trabajo será evitar que se “tienten” con Jaime Linares-Juan Carlos Pugliese. Habrá que ver cuánto lo apoyan los intendentes del “palo”, que de todos modos no comandan comunas electoralmente relevantes.


INTRÍNGULIS LEGISLATIVOS

Con las advertencias del caso para nóminas que hasta que sean oficializadas en la justicia pueden experimentar alteraciones en su orden de prelación (lo cual parece ser cierto sobre todo para el massismo), queda claro que la apuesta del oficialismo en la Legislatura es compleja: renueva bancas de 2011 cuando, a caballo de la elección de CFK y Daniel Scioli, consiguió un resultado histórico que le reportó 49 de los 67 escaños en juego en aquel momento. En principio, se barrunta una representación ampliada de La Cámpora, que renueva todo y pone nuevos nombres en las listas, aunque no está claro que vaya a tener espacios de conducción claros, como ocurre con el Congreso Nacional.

Aunque en el oficialismo legislativo las fugas al massismo se fueron compensando con el correr de los meses y ya no pesan tanto como se creyó en un momento que podría ocurrir, sí llamó la atención un dato que probablemente no modifique la correlación de fuerzas legislativas desde 2016, pero ciertamente altera los equilibrios internos en la coalición gobernante. Se trata de la exclusión de los legisladores que responden a Randazzo de las nóminas, que en general no renovarán ni siquiera en la cuarta sección, el “corazón” territorial de su construcción de poder. El “castigo” fue de tal dureza, que alimentó las versiones sobre una situación difícil del ministro en el gabinete nacional. Se verá, en las próximas horas, si las heridas comienzan a cicatrizar o no.

El massismo, que está con respirador artificial en el Senado a raíz de los “garrochazos” de intendentes que, paradojas de la política, sufrió en vez de recibir, apuesta a conservar lo que pueda en Diputados, donde no pone tanto en juego. De todos modos, en general, el mecanismo de renovación de las cámaras lo favorece: el sector pone en juego pocas bancas, porque su cosecha fuerte fue en 2013, y esos legisladores tienen mandato vigente.

En Cambiemos, el lugar hegemónico que tuvo La Campora en el FpV, lo tuvo PRO. A expensas, claro, del radicalismo, que “coló” candidato a vice pero si Vidal no resulta electa, se expone a quedar más reducido que antes a las intendencias como único centro efectivo de poder. Es que la primacía de los postulantes amarillos en lugares a salir, al igual que ocurrió en las listas de diputados nacionales por la provincia, es apabullante. Dentro de un escenario en general modesto, el dato para consolarse para los radicales es que ponen en juego sólo 4 de las 10 bancas que poseen.

Todavía falta mucho, pero tal vez no sea tan arriesgado aventurar que la pelea de Cambiemos en este contexto sea por ser la primera minoría.

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