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Panorama político bonaerense: el sube y baja de los candidatos
(Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- La irrupción en el escenario público que esta semana protagonizó Máximo Kirchner, además de terminar de instalar la posibilidad de una boleta con apellido en las elecciones, tuvo un efecto menos visible: apuntaló la situación de Daniel Scioli al interior del Frente para la Victoria, en momentos en que el massismo intenta resolver su intríngulis bonaerense para transformar a ese territorio en pilar de una recomposición y, en el mismo ámbito, la UCR busca no terminar electoralmente fagocitada por PRO.

6/4/2015 | 10:50
(Por Andrés Lavaselli alavaselli@dib.com.ar).- La irrupción en el escenario público que esta semana protagonizó Máximo Kirchner, además de terminar de instalar la posibilidad de una boleta con apellido en las elecciones, tuvo un efecto menos visible: apuntaló la situación de Daniel Scioli al interior del Frente para la Victoria, en momentos en que el massismo intenta resolver su intríngulis bonaerense para transformar a ese territorio en pilar de una recomposición y, en el mismo ámbito, la UCR busca no terminar electoralmente fagocitada por PRO.

“Daniel” es “un buen compañero”, dijo el hijo de la Presidenta en la entrevista que concedió al periodista Víctor Hugo Morales para negar la existencia de cuentas bancarias en el exterior a su nombre. Y con el mismo apelativo familiar, Máximo Kirchner incluyó al gobernador en la lista de candidatos presidenciales del FpV, junto al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, su rival interno más competitivo, según marcan todas las encuestas.

Aunque apenas ocupó unos minutos de una intervención de más de 40, ese pronunciamiento tuvo una lectura unánime en el oficialismo, sobre todo en un ala peronista: la Casa Rosada no piensa excluir a Scioli de la interna del FpV. Es una confirmación importante, que llegó después de la difusión de subterráneas iniciativas para dotar al gobernador de una herramienta electoral para evitar que un eventual veto de Cristina lo dejara sin candidatura en agosto. 

Scioli respondió en el acto: pronunció, aunque sin nombrarlo y en su estilo moderado, una de las pocas críticas al Grupo Clarín (editor de la nota que acusaba al hijo de la presidenta) que se le conocen, mandó a reafirmar que “no hay plan B” a su principal espada política, Alberto Pérez y difundió una nueva estética de campaña que implica una gestualidad “aperturista” al resto del oficialismo: es la que elimina el naranja como color preponderante en favor del celeste y blanco y lleva el slogan “Scioli para la Victoria”.

Con encuestas que lo dan al tope de las preferencias junto a Mauricio Macri y también con margen sobre Randazzo, Scioli se mostró incluso con Julián Domínguez, hasta hace poco uno de sus críticos más virulentos. Y con Diego Bossio, otro de los que aspiran a sucederlo pero cuyas chances dependen enteramente de la Casa Rosada. Quedó la sensación de que una foto con él, al menos por ahora, no genera reacciones del kirchnerismo duro. El PJ territorial, que ve en Scioli el candidato menos traumático, seguramente toma nota. 

Esa foto fue la coronación de una semana feliz de Scioli, que computa como un activo la eventual postulación de Máximo a diputado nacional bonaerense, una posibilidad que potenció, paradójicamente, el Grupo Clarín. Es que un Kirchner en la lista (la Presidenta, desde ya, también puede estar) le da consistencia al planteo de la elección como una instancia de definición ideológica entre el oficialismo y el “liberalismo” macrista, que el gobernador planteó antes que nadie.

Pese a ese buen momento, Scioli tiene claro que nada está definido: Randazzo sigue subido al ring y la Presidenta, sol del sistema planetario del oficialismo con 45 por ciento de imagen positiva en el Conurbano, tiene poder, influencia, creatividad e iniciativa políticas probados para trastocar escenarios. Pero cree que si todo sigue así, una pelea con el ministro en agosto hasta puede ayudarlo en octubre. Sobre todo si otros satélites K (Jorge Taiana, por ejemplo), no declinan. 

Síntesis compleja

Menos eufórico, Massa también computo una buena semana, aunque en términos mucho más relativos. En principio, el líder del Frente Renovador capeó bastante bien el temporal que el mismo contribuyó a desatar cuando planteó una suerte de resolución pseudo asamblearia de las disputas por la candidatura a gobernador, que a su vez eran consecuencias de la pérdida de dinamismo de su propia postulación consecuencia del cierre radical con Macri y fugas bonaerenses de por medio.

Massa corrió a Juanjo Álvarez como principal estratega de la campaña provincial, armó una mesa con intendentes para suplantarlo, transformó el “congreso” de San Martín en una suerte de relanzamiento de su propia campaña, abrió líneas de negociación con los “poderes concentrados” (reacios unos a financiar a un candidato con menos chances o a acompañarlo editorialmente otros) y, sobre todo, consiguió que Felipe Solá baje su candidatura a gobernador. 

La idea en el FR es que otros copien al exgobernador. “Se tiene que imponer el sentido común, no se puede complicar un proyecto por un capricho sin sustento de votos”, dicen en el entorno del tigrense. Traducido: se tienen que bajar, al menos, Jesús Cariglino y Mónica López. Lo de la diputada es factible, porque podría completar la fórmula de Darío Giustozzi. Más, si su esposo, el gremialista Alberto Roberti, recibe una oferta para integrar una lista que le permita renovar su banca de diputado nacional, que vence en diciembre. 

Pero ese movimiento de síntesis, que transformaría a dos candidatos en una fórmula, es imposible de replicar con los restantes postulantes: Cariglino y Francisco De Narváez. Al menos, si se le cree a De Narvaéz, que instruyó a sus operadores para que abjuren de la posibilidad. Habrá que ver si Cariglino reactiva el expediente PRO. Y si el macrismo le abre o no la puerta. Por ahora, es tan cierto que PRO no se entusiasma con incorporar a “pejotistas”• como que Massa quiere a Narváez y, a lo sumo, Giustozzi en la final.

Pechito argentino

Esa falta de entusiasmo de Macri por sumar dirigentes que lo “desperfilen” (PRO frenó el traspaso de tres diputados peronistas hace unos días) es propio de quien siente que no necesita compartir anticipadamente poder para ganar. Podrá ser verdad o no, se verá. Pero en provincia, ya lo está sintiendo Gustavo Posse, que ahora fijó para el 16 de este mes su lanzamiento como candidato a gobernador en una lista que no tiene por ahora la venia de PRO para ir colgada de la de Mauricio Macri.

Posse es, en ese sentido, un síntoma: en realidad todo el radicalismo provincial pide al macrismo “igualdad de condiciones”, cuando en realidad lo que necesitan es que Macri les habilite su boleta. Mejor confirmación de que creen que Sanz no superará las PASO (en caso de que se presente) no hay. Sí sobran los signos: el Comité Provincia emitió un documento planteando esa posibilidad donde no figuran ni el sanisidrense ni el mendocino como candidatos. 

Macri hace la lógica: los espera de a uno. Por eso, a los intendentes, que se reúnen el jueves en Alvear, le mandó a decir que ellos podrían ir directamente en la lista PRO. Confía en que la mayoría aceptará. Posse y Sanz deberán convencer al jefe de Gobierno que un acuerdo más amplio le aportará al menos poder de fiscalización. Mucho más no tienen para ofrecer: hasta Sanz manda a decir a los intendentes que si le devuelven algunos gestos en la campaña, él les peleará un lugar en la boleta de… Macri. 

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