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Junín: Carlos Pérez, Un "Gato" en la ciudad
El arquero nacido futbolísticamente en Juventud de Rojas, jugó en Jorge Newbery, Sarmiento, Mariano Moreno, Rivadavia (L) y Defensa de Junín, ciudad en la cal st{a hoy radicado. Estuvo atajando en Uruguay, Chile y Ecuador. Además pasó por San Martín y Maipú de Mendoza.

13/1/2015 | 11:25




JUNIN (Reportaje de DEMOCRACIA) - Yo nací en Rojas. Todos mis hermanos jugaban al fútbol así que prácticamente nací con la pelota en la mano. A los ocho años comencé en el club Juventud que ya se empezaba a hablar de escuelitas y todo eso. Lógicamente que lo primero fue el potrero y cuando estaba ocupado por los más grandes jugábamos en la calle y con la poca luz de la esquina hasta la noche.

Tuve la oportunidad de ir a las inferiores de Rosario Central. Fui dos años y desgraciadamente por razones familiares me tuve que volver. Antes no era como ahora. No había forma de mantenerme porque te daban la pensión pero vos tenías que pagarte los gastos mínimos y a mi con el fallecimiento de mi viejo se me complicó muchísimo.

Después me llevaron a probar a Lanús en la época que estaba el nene Guidi. Atajé unos cinco pelotazos y me sacaron. Me amargué muchísimo pero cuando hablo con un dirigente me dice que ya está que me quedaba en Lanús. Pero cuando el club viene a Rojas para pedir el pase en Juventud le piden un disparate. Creo que fue 500 mil pesos moneda nacional. Ellos le ofrecieron jugar un partido en Rojas con la tercera de Lanús que había salido campeona invicta y que se quedaran con toda la recaudación. No quisieron arreglar.

Por supuesto que no jugué más en Juventud y me fui a El Socorro de Pergamino. Estuve un año y me vine a Junín. Tenía 20 años y me tocó el servicio. En 1972 jugué en Jorge Newbery que salimos campeones y luego vino la seguidilla de títulos del club. Al año siguiente me lleva Sarmiento en el ´73, luego ascendimos en el ´74, ´75 y parte del ´76 que pasé a San Martín de Mendoza para jugar el campeonato nacional.

Entre Sarmiento y San Martín hubo tres meses que un empresario me llevó a una liguilla a Liverpool de Montevideo. En Montevideo me ve Andrés Prieto que había agarrado como técnico en Cobreloa de Chile. Hablaron conmigo porque me querían llevar a Chile. Tuve la desgracia de jugar poco en San Martín porque me quebré un dedo y cuando terminó el nacional en enero del año siguiente me llamó el empresario Marcos Tudesqui para que firmara en Cobreloa.

Que el 17 de enero tenía los pasajes a disposición en Lan Chile, en Ezeiza. Llegué y me esperaban unos dirigentes que me llevaron a un hotel y me pasaban a buscar al otro día. Íbamos en avión a Calama y de allí a Chuquicamata donde está el club. Estuve dos años hasta que empezaron a buscar nombres y llevaron a Eduardo Fonseca Mazurkiewicz, Chiquito. De joven era mi ídolo, fue uno de los mejores en el Mundial del ´66 en Inglaterra. Fue uno de los mejores del mundo junto con Amadeo Carrizo, Lev Yashin, Sepp Maier. Hice una gran amistad, tengo fotos tomando un café allá porque yo me quedé jugando en la zona (Club Magallanes).

Un día jugaba Cobreloa con Colo Colo, me invitó a ver el juego y lo fui a saludar al vestuario. Estaba todo de blanco. Todavía lo cargo que iba a salir todo verde por el pasto y me hace una apuesta –dos cervezas- que no se iba a ensuciar. Esa noche se atajó todo y no tenía un roce de verde. Por supuesto que las cervezas eran la excusa para seguir charlando a la noche sobre el partido.

Tuve varias ofertas para quedarme en Chile, fui descartando y me quedaba con Everton de Viña el Mar. A último momento me llama el presidente del club y me dice que Vallejos –otro arquero- había bajado las pretensiones económicas y se quedaban con él.

Decidí venirme a la Argentina. Jugué un año en Maipú de Mendoza, después me fui a Ecuador al Manta donde no me gustó la atención que recibí, el pueblo, nada. Cumplí a regañadientes el contrato y me vine. Contaba los días que me faltaban para venirme. Ya tenía mi señora y el nene acá.

Ahí fue cuando arreglé con Mariano Moreno que jugamos el Nacional. Luego me fui a Rivadavia de Lincoln hasta el ´85 donde salimos campeones, jugamos el regional y estuvimos a punto de ascender al Nacional. Empatamos en Tandil 1-1 y ascendió Olimpo de Bahía Blanca.
Después volví a Jorge Newbery, estuve seis meses y me fui a 9 de Julio donde terminé el año. Allá me fueron a buscar en el ´87 los dirigentes de Sarmiento que me necesitaban porque el club no estaba atravesando un buen momento y que les diera una mano. Era gente que me merecía confianza. No estaba bien físicamente pero me puse a tono. Estuve hasta el ´89 que vino Finarolli.

Ya me dolían los entrenamientos y vi que era la hora de dejar. Me fui a mi casa. Me fueron a buscar unos compañeros que había tenido en Moreno. Marcelino Martignoni con otros dirigentes me fueron a buscar como diez veces para jugar en Defensa. Me ganaron por cansancio. Arreglé que seguía como asistente de Finarolli, entrenaba con Sarmiento y los domingos iba a jugar con Defensa.

Así arranqué pero no me pareció ético. Dejé Sarmiento y me fui a Defensa. Salimos campeones, entramos al regional pero tuve la mala suerte que en uno de los últimos partidos me luxé un hombro y ahí fue el final de mi carrera, cuando el físico para la alta competencia dijo basta”.

ESCASEZ DE ARQUEROS

“Es un tema que hablo mucho. A cualquier nivel se ha dejado de lado por parte de los dirigentes del fútbol. Creen que se puede poner cualquiera en el arco.

Al Arquero hay que trabajarlo. Yo paso con la ambulancia por las canchas y veo que le patean a los arqueros pero no les enseñan nada. Hay una diferencia muy grande entre el entrenador de arqueros –gente que tiene capacidad para ello- y el formador de arqueros. Un chico a los doce años hay que enseñarle cómo se debe parar en el arco, cómo tiene que agarrar una pelota y eso no existe en Junín ni en el fútbol argentino porque nadie cree que esto debe ser así.

A nivel nacional hoy no hay un arquero de selección y se debe a que no hay trabajo. El único club que trabaja en serio es Independiente de Avellaneda. Santoro con 70 años sigue manejándolos y es el club que en los últimos quince años ha sacado más arqueros buenos en el país. Es la prueba más clara que hay una persona que dirije, conduce y enseña. Yo en Junín preparé a Dafonchio y cuando llegó a Inependiente el mismo Santoro le preguntó quién le había enseñado la técnica.

Tirapelotas hay millones, pero el arquero cae con el codo debajo de las costillas, se para con las piernas abiertas, no sabe salir, es cuestión de prestar atención para darse cuenta.

Abbondanzieri para mi fue un afortunado porque un arquero no puede atajar con las piernas abiertas. Hay muchas cosas para enseñar y nadie que las enseñe. Por eso los arqueros atajan más con los pies que con las manos. En otras épocas jugabas dos partidos y te ibas a tu casa. El arquero ataja con las manos”.

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