Rojas, Buenos Aires, Argentina.
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DEPORTES

La selección de 1968
El torneo 2013 de la Liga de Fútbol llevará su nombre, al cumplirse 45 años de la gran campaña. La recordamos en la página 14, mediante una nota de RICARDO A. SILVEIRA.

23/2/2013 | 22:19
La Selección de 1968
Por aquellos tiempos el Consejo Federal del Fútbol de la Asociación del Fútbol Argentino hacía disputar cada dos años el Campeonato Argentino, con la participación de los seleccionados de las ligas de fútbol del interior de todo el país.

Los primeros partidos se jugaran entre las ligas de una misma región, divididos en zonas, y los viajes se hacían más largos en la medida en que los equipos progresaban. Los que perdían iban “al galpón” hasta el próximo certamen.

Los enfrentamientos de Rojas con Colón, Pergamino, Junín, Chacabuco, Salto, se habían convertido en clásicos que provocaban una gran convocatoria de público.

El fútbol atraía multitudes y despertaba pasiones. Estos partidos, liga contra liga, eran poco menos que pueblo contra pueblo.

A Rojs en general no le había ido tan mal jugando contra los vecinos.

En 1954 Rojas –con el equipo del arquero José Azzurro y el goleador Ramón Martínez, entre otros- llegó a la final de la Provincia de Buenos Aires junto con Pergamino, y la tradicional rivalidad entre vecinos desembocó en incidentes que hicieron que ambas ligas rompieran relaciones.

El Consejo Federal, en conocimiento de la situación, se cuidó que en sus futuros fixtures el choque Rojas-Pergamino o Pergamino-Rojas no se diese a menos que llegaran nuevamente a una final, y el encontronazo fuera in evitable.

Hubieron de pasar 14 años y mediar los buenos oficios de nuevas conducciones en las mesas directivas de ambas ligas, encabezadas por el rojense José Felipe Martini y el pergaminense Pedro Colabella, para que las cosas comenzaran a reencauzarse en el plano institucional.

A todo esto, el torneo de 1968 se pone en marcha y Rojas progresa goleando a Colón, con un equipo base formado por jugadores locales y una conducción técnica encarnada por el legendario Francisco Federico “Pancho” Boveri –cuasi eterno secretario gerente de la Liga y hombre fuerte del fútbol zonal- y el “Conejo” Gamiel Pastorino, un veterano futbolista juninense, que pasó por el profesionalismo en Sarmiento y había recalado en Rojas para jugar para El Huracán.

Estaban en el equipo los arqueros Lisandro “”Negro” Rivadeneira y Luis “Lalo” Puebla”; entre los defensores anotamos al gran Armando “Chocho” Barreiro, el siempre recordado Juan Antonio “Sacchi” Alvarez (era titular con 17 años), Ismael “Chiquito” Lasalle, Salvador “Paco” Juan procedente de Colonial de Ferré, que por entonces integraba la Liga de Rojas, Juan Carlos “Turco” González, Raúl ”Caño” Cañete…

En el medio recordamos la presencia de Raúl Masciarelli (otro ferrense), Norberto “Beto” (Tres Pulmones) Durich (quien procedía de Inés Indart y jugaba para Carabelas, el gran Mario Oscar “Mariulio” Tulio (uno de los más habilidosos futbolistas que hubo en Rojas), el talentoso Roberto “Coqui” Onzari, Víctor “Tutelete” Peralta y Oscar “Macho” Cámpora.

Adelante, Roque “Pirinchola” Seratto, Juan José Carnelli (otro gran goleador del fútbol de Junín que llegó a Rojas por su fichaje para Colonial) y Raúl José Linare, otro purrete que a los 19 ya hacía de las suyas en la cancha en la que le tocase pisar.

Se incorporó también un exquisito “5” (un señor dentro y fuera de la cancha) como lo fue el chacabuquense Raúl Petrucchelli, quien había fichado para Carabelas.

“La barra de los bombos y cencerros” (de Ojito Rodríguez, Tito Cuello y tantos otros), crecía en adherentes y la presencia de la hinchada rojense en cada partido se hacía cada vez más notoria. El grupo más bullicioso se extendía a ambos lados de su larga bandera, nutriéndose de los menos apasionados, las familias, la mujeres y los chicos… aunque todos aportaban con los papelitos… y alguno que otro se animada con algún elemento para hacer ruido. Hasta una sirena apareció, estridente y cont6agiosa del entusiasmo que embargaba a todos.

A un costado, la “artillería”, con Tenaglia como emblema, se hacía sentir con las bombas de estruendo ante la salida del equipo y ante cada gol.

Aficionados -como Agustín Mingrone y Víctor Hassan, entre otros- abrían generosamente sus bolsillos para asegurarle los pertrechos a la hinchada.

Rojas dejó atrás apretada pero merecidamente a Junín y tras 14 años, volvieron a enfrentarse Rojas y Pergamino: 2 a 2 allá y 2 a 1 ganó Rojas la revancha en Newbery!!!

Llegó la final de la región con San Nicolás. Primero allá. Las garantías que se le pidieron al comisario Serafini, que había pasado por Rojas y era conocido de la gente del fútbol, fueron desbordadas por una hinchada nicoleña que recibió a naranjazos la entrada del elenco rojense y hostigó permanentemente a la afición de nuestra ciudad, en algunos casos llegando a la agresión física y al daño en los rodados.

Fue un desastre y a la semana siguiente vino el desquite (futbolero y del otro, en Newbery). Afuera de la cancha, no se sabe si hubo “zona liberada” o si los estrategas de la hinchada lograron desbordar el operativo policial, pero lo concreto es que cuando llegó la “pesada” nicoleña, la bandera rojense que como botín de guerra se habían apoderado una semana antes, rápidamente volvió a manos de sus legítimos dueños.

La “defensa” del patrimonio recuperado y de la “dignidad” mancillada siete días atrás, fue encabezada por dos “Negros” como Juan José Torrres (el ex boxeador mediopesado con victorias internacionales en torneos amateur como los panamericanos de Canadá y Chile) y Benito Luna, un camionero capaz de noquear una vaca de un zurdazo.

Espalda con espalda, se cansaron de voltear muñecos entre los nicoleños que no entendieron que la revancha “sería terrible…”.

En la cancha, Rojas ponía fútbol y huevos (o huevos y fútbol) para resultar campeón regional.

Llegaba Tandil. Rojas lo recibió con el eslogan “Rojas y Tandil, un solo corazón” y se vivieron dos jornadas de romance deportivo integral: en la cancha, muy buen fútbol; detrás del alambrado, la amistad entre los simpatizantes de ambas selecciones.

Primero fue en Rojas y después en la ciudad serrana, a la que la comitiva rojense se fue un viernes, para quedar concentrado dos días en un hotel, una experiencia que ya se había empezado a utilizar en nuestro medio, junto con la periodicidad de los entrenamientos semanales Obligatorios (el que no entrena no juega, el que no concentra no juega).

La delegación de Rojas viajó en los autos de los dirigentes y la gente se volcó a las calles a recibirla como su hubiera llegado el Santos de Brasil con Pelé al frente. Fue recibida por el intendente antes de ubicarse en el alojamiento.

El sábado comenzó el “éxodo rojense”: miles de aficionados viajaron a Tandil. Algunos llegaron sobre la hora del partido, tras recorrer los algo más de 400 kilómetros. En muchos casos, familias enteras se animaron, con los autos, camiones y camionetas disponibles en aquél entonces, que, encima, no todos tenían cero kilómetros…

El romance siguió en el estadio, y una de sus expresiones más notorias fue que la hinchada tandilera cambió por flores las naranjas nicoleñas, para recibir al equipo visitante.

Adentro, Rojas impuso su fútbol con oportuna conquista de Masciarelli en el primer tiempo y golazo casi de media cancha del Beto Durich en el segundo, un triunfo que llegó al instante a los rojenses que ni pudieron viajar, a raíz de la transmisión telefónica para la entonces Publicidad Rojas de don Carlos Molina, que propiciaron entre otros Víctor Hassan (Las 14 Provincias, siempre “poniendo” cuando se trataba del deporte), Carlitos Rodríguez (La Voz de Rojas), emisión que con mis casi 20 años, tuve el honor de compartir como comentarista, con el incipiente relator y locutor de Ferré, José María Miranda Lugano, un pibe también (que ya entonces soñaba con llegar a la radio grande emulando el relato de José María Muñoz, por entonces “”lo nuevo” frente a relatores tradicionales como Fioravanti, Bernardino Veiga, etc.), y las acotaciones de Otto Abel Martínez (“Martinito”), dirigente de El Huracán vinculado a la actividad periodística.

Sobre “Mirandita”” podemos acotar que llegó: fue locutor y relator en Radio Rivadavia, integró el equipo que relató el Mundial 78 y durante muchos años condujo el Rotativo del Aire y aportó la voz de las noticias a gente de la talla de Antonio Carrizo y Héctor Larrea…

Volvamos al fútbol: Rojas es uno de los cuatro semifinalista de la zona Buenos Aires-La Pampa. El próximo rival es Bahía Blanca, pero se abre un paréntesis de un par de meses en la programación, y en torno de nuestra selección hacen eclosión algunas situaciones internas y ciertas conductas y actitudes que la retahíla de triunfos venían disimulando.

A consecuencia de ello, se dispone el alejamiento de Pastorino quien, pese a que su rol “oficial” era el de preparador físico, tenía “voz” en el vestuario antes de los partidos y –sobre todo- compartía mucho con la mayoría del plantel en los tiempos libres, ejerciendo un evidente liderazgo.

La Liga incorporó en reemplazo del “Conejo” a Euler Silva, un juninense que había jugado para la selección de Rojas en el 54. Pero el nuevo colaborador de Pancho Boveri no logró recuperar la desmoralización que había cundido en el equipo con la salida de Pastorino.

Cuando llegamos al hotel de Bahía el domingo antes del almuerzo, tuvimos la sensación de que habíamos entrado a un velorio: silencio y caras largas entre los jugadores, sensación de frialdad y tirantez del plantel con cuerpo técnico y dirigentes, etc.

Así las cosas, igualmente nadie esperaba que el partido terminara con un exagerado 9 a 0 para los bahienses –cuyo fútbol ya por entonces con Olimpo o Puerto Comercial tenían experiencias en los torneos profesionales de la AFA-.

En el desquite, Rojas puso en juego el honor, que era lo único que le quedaba por defender. Y sacó un empate en Newbery, resultado heroico que terminó con sabor amargo porque en medio de la disputa quedaron hecho trizas la tibia y el peroné del Flaco Masciarrelli ante una artera “plancha” de Solís, un bahiense que después anduvo en el profesionalismo.

Allí terminó la que fue quizás la mejor campaña de un seleccionado de fútbol de Rojas en toda su historia.

Despuntando recuerdos sin un archivo a mano, con datos sueltos que van aflorando a la memoria un tanto desordenadamente, hemos tratado de refrescar para las viejas generaciones, y poner en conocimiento de los más jóvenes, algunos pasajes de una de las mejores páginas de nuestro deporte.

Eran tiempos en que la Liga local agasajaba a la delegación visitante y eran un “clásico” los ravioles en lo Santana (Iribarne y Las Heras, frente a la estación del ex Urquiza, hoy hay varios locales comerciales); los discursos memorables de Esteban “El Toro” Balín; la bondad, la generosidad y la sonrisa eterna del “Coco” Venancio Amichetti; el “micrófono viajero” de Oreste Collarino…

Eran también tiempos –antes, durante y después de la campaña del 68, vale aclararlo- en que la camiseta de la Liga de Rojas (la celeste, la azul, la rojinegra o la que usase) hacía olvidar los colores de las de los clubes y una única pasión unía a todos los hinchas en torno del “Dale Roooojas, Dale Roooojas!” que tronó triunfal en decenas de canchas de la zona, entonada por cientos de rojenses hermanados en la búsqueda de la gloria deportiva sin distingos de ningún tipo.

El rico y el pobre, el rubio y el morocho, el del centro y el del barrio, el peronista y el radical, el de Carabelas y el de Rafael Obligado, el del campo y el de la ciudad, estaban codo con codo acompañando al equipo y, cuando tocaba jugar afuera, llenando la plaza San Martín para recibir a los jugadores, verdaderos ídolos todos y algunos hasta impensados galanes codiciados casi secretamente por tímidas jovencitas que todavía no tenían “permiso” de los padres para mirar “en serio” a un muchacho porque no habían cumplido los 18…

El fútbol era la fiesta de la familia y las victorias lo tenían como tema obligado durante toda la semana, domingo tras domingo…

Acá faltan datos estadísticos, seguramente también hay omisiones de nombres, de hechos y de circunstancias que significaron también protagonismo y relevancia.

También pareciera que hiciéramos referencia con naturalidad y sin espíritu crítico a los episodios de violencia.

Pero bueno… todo forma parte del anecdotario y de una cultura pretérita cuyos rasgos generales humildemente tratamos de recordar en estas líneas, desde nuestra vivencia de joven periodista deportivo, para aportar a la decisión de la Liga de Fútbol de recordar a este equipo seleccionado, a 45 años de su gran campaña.

RICARDO A.SILVEIRA


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