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La importancia de la batalla de Salta
Algunas consideraciones sobre el bicentenario de la batalla que contribuyó fundamentalmente a la independencia nacional.

19/2/2013 | 20:03


Para el presidente de la asociación Flor del Desierto, Juan Manuel Sureda es bueno este tiempo de recordaciones de la gesta libertaria de la Patria Grande, a pocos meses de haberse celebrado el bicentenario de la fundamental Batalla de Tucumán, este nuevo triunfo de las armas nacionales también liderado por el general Manuel Belgrano.


Tampoco es ocioso recordar, -dice- a propósito del héroe y benemérito prohombre que no hacía mucho tiempo, el 27 de febrero de 1812 enarbolaba ante sus soldados en las barrancas del Paraná, a la altura de Rosario, los colores de la Bandera Patria que nos identificaría desde entonces. Y si vamos en el tiempo un poco más atrás, cuando pasó por Misiones, en diciembre de 1810, deteniéndose en Candelaria, "nos dejó la primera Constitución que se conoce en la Argentina.


Se fue luego al Paraguay llevando las ideas libertarias de la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires. A propósito, el año pasado se inauguró a orillas del Rio Tacuarí, un homenaje a Pedro Ríos, el Tamborcito de Tacuarí, donde lo cubren de significación las figuras de los generales involucrados en la contienda: Manuel Cabañas y Manuel Belgrano. (Ver foto).


CAÑONES, CARRETAS Y ENSERES

Luego del enfrentamiento de Tucumán logra reunir fuerzas el general Belgrano como para acometer un avance que pudiera ser decisivo camino al Alto Perú. A pesar de ser el tiempo de las lluvias en la región, con el comienzo del año 1813, logra avanzar no sin muchas dificultades para su tropa, con sus doce cañones y medio centenar de carretas y enseres.

Hacia el 13 de febrero, al norte del río Pasaje, las tropas juran lealtad a la Bandera que fuera enarbolada en las costas del majestuoso Paraná. Aquel torrentoso río se conoce luego de ello también con el nombre de río Juramento.

Ya el día 14, en el caserío de Cobos se enfrentan los patriotas con una avanzada de Pío Tristán. Es a partir de allí que el jefe realista se entera no sin una desagradable sorpresa, que su verdugo de Tucumán está cerca de la ciudadela de Salta. Jamás se hubiera imaginado Tristán que en plena temporada de lluvias los patriotas pudieran marchar con tanta velocidad sobre sus pasos.

Entre el atardecer del 17 y el día 18 el ejército patriota de unos tres mil hombresestaba en las cercanías de Salta.

Dispone entonces el general Belgrano que una columna al mando del mayor general Eustaquio Díaz Vélez se dirigiera a la entrada del Portezuelo, siendo ésta la única entrada posible para que un ejército ingresara a la ciudad.

A todo ello, el jefe realista Tristán dispuso el bloqueo de la misma con sus fuerzas de combate. Es allí que Belgrano es advertido por el capitán José Apolinario Saravia, salteño, que por la quebrada de Chachapoya, ubicada más al norte, se podría burlar el embudo del Portezuelo.

Verificada la transitabilidad del paso propuesto por Saravia, se encamina el grueso del ejército patriota a atacar a Tristán por la retaguardia. Decisión no exenta de riesgos por cierto, porque de no hacerla con precisión anticipa una segura derrota. Total éxito en la empresa y en las primeras horas de la mañana del día 19, ya se encuentran en la hacienda Castañares, de propiedad de don Pedro Saravia, padre del capitán Saravia.


LA BATALLA

Se contaban entre las principales fuerzas patriotas además de la ya mencionada avanzada de Díaz Vélez, el Escuadrón de Dragones comandado por Cornelio Zelaya; los Cazadores del teniente coronel Manuel Dorrego; Escuadrón de Dragones del coronel Antonio Rodríguez; el Regimiento 2 de Patricios de Buenos Aires a cargo del comandante Benito Álvarez, y el sexto Batallón del sargento mayor Carlos Forest; el batallón de Pardos y Morenos a cargo del coronel José Superi, y el Regimiento 1º, cuyo jefe era don Gregorio Perdriel.

La artillería en tanto era responsabilidad del teniente Antonio Giles con dos piezas a su cargo; teniente Juan Luna con dos piezas, el capitán Francisco Villanueva con dos piezas y las restantes a cargo de Perdriel, algunas como reserva.

Luego de la enorme sorpresa de Tristán, cuando se entera de que los patriotas le cerraban la retirada por el norte, procede al envío de gruesos contingentes a proteger el cerro de San Bernardo, que cubre el ingreso a Salta por esa vía, reforzándolo con su cuerpo de élite el Batallón Real de Lima y su flanco izquierdo con la caballería de Juan José Feliciano Fernández Campero, Marqués de Toxo ó Yavi, que luego se uniría a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y también una poderosa fuerza de infantería.

Luego del inicial duelo de artillería ente los contendientes y que Díaz Vélez fuera herido en una pierna mientras arengaba a los patriotas, el general Belgrano ordena a Dorrego que con dos compañías y el apoyo de los Dragones de Zelaya, cargaran sobre el flanco derecho. En principio son rechazados y perseguidos por la caballería de Yavi que a su vez es contenida por los certeros disparos del Batallón de Pardos y Morenos que acudieron prestos por indicación de su Comandante el coronel José Superi. Luego de la primera retirada cargaría con tal denuedo Dorrego, haciendo batirse en retirada, con grandes pérdidas para el enemigo, hasta la propia ciudad de Salta.

En tanto el flanco izquierdo patriota, el cerro de San Bernardo muy bien protegido por los realistas fue motivo de un durísimo combate que tuvo finalmente decisión con el enfrentamiento entre el Batallón Real de Lima y las fuerzas comandadas por Perdriel, comandando el Regimiento 1 de Infantería y con el apoyo de los Patricios de Buenos Aires.

Hasta aquí, en breve síntesis, la descripción de la lucha en combate a las puertas de Salta. Luego sobrevendría la pelea en las calles cuando el teniente Juan Pedro Luna llega a una cuadra de la Plaza Mayor y toma la Iglesia de la Merced.

Ante la victoria inminente se cuenta que Belgrano que se encontraba todavía en las afueras, en pleno campo de batalla, enarbola en poncho azul y blanco del coronel José Superí, en demostración de júbilo por el triunfo.

Finalmente Tristán ordena al coronel Felipe La Hera a negociar las condiciones de la rendición del ejército realista.
Allí se verá nuevamente reflejados en la historia la presencia de las ideas vivas de los hombres, los verdaderos protagonistas y especialmente en las grandes causas.

Las condiciones de la rendición fueron sumamente benignas para los realistas, que les permitieron la retirada con sus banderas en número que la historia registra como de 2.776 integrantes, quienes entregaron sus armas jurando no volverlas a empuñar en contra de la Patria.

Muchos de ellos debieron ser fusilados luego por el propio general Belgrano y su principal cargo fue: “Por Perjuros”. Este episodio distanció a Dorrego de Belgrano. El primero entendía que no debían dejarse enemigos libres. Belgrano llevó adelante su campaña militar como su vida de revolucionario patriota enarbolando banderas más amplias que las que se ciñen al propio terreno del combate guerrero, en el que Dorrego había demostrado y lo haría después, que era casi insuperable. Ambos tenían sus razones y las podían sostener.

"HAY QUE AHORRAR SANGRE AMERICANA"

Sureda recuerda la coincidencia entre el accionar general de Belgrano y el del general José de San Martín, quien plasmó en su enorme empresa libertadora, en todo momento, el criterio de “hay que ahorrar sangre americana”.

Seguramente no son opuestos, como no lo fueron en las grandes empresas que los tuvieron como protagonistas. La historia posterior a la gesta emancipadora nos traería novedades que seguramente no nos satisfacen, como el de los campos de Navarro. Ese ya era otro tiempo, donde las "miras menores" hicieron su agosto en un proceso de balcanización de la América Española que hoy queremos finalmente superar.

El encomillado y sus implicancias significa que, luego de obtenida la independencia de España con la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, en territorio actualmente boliviano, con la comandancia general de Antonio José de Sucre, los grandes puertos o capitales interiores pero con puerto de salida con sus respectivos dirigentes, comienzan a querer manejar sus "respectivos territorios" o "hinterlands" como se denomina.

Así ocurrió con Buenos Aires, Caracas, Lima, Santiago de Chile, Quito, Bogotá, Montevideo, Asunción, entre otros, que se ocuparon de las tareas de organizar "sus territorios" olvidando a la Patria Grande. Así quedaron definitivamente atrás hombres como San Martín, Bolívar, Artigas, Morazán el Cura Hidalgo, que pasaron rápidamente al olvido por no ser más útiles a estos pequeños intereses de territorios concentrados con dirigencia "que yo llamaría con cerebro pequeño". Esas pequeñas miras o si se quiere miras de territorios más pequeños, generaron dirigencias con miras más pequeñas. De allí que ocurren episodios como el fusilamiento de Dorrego por parte de Lavalle en Navarro, provincia de Buenos Aires, cuando esto ocurrió San Martín hizo la siguiente reflexión: "Lavalle, un general sin cabeza".

Bibliografía:
Historia de la República Argentina. Vicente Fidel Lopez.
Dorrego. Enrique Pavón Pereyra
Historia de Belgrano. Bartolomé Mitre.
Historia del Libertador Don José de San Martín. José Pacífico Otero.
La Batalla de Salta. Autores Varios.

Autor del presente trabajo:
Juan Manuel Sureda. Presidente de la Asociación Flor del Desierto.

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