Rojas, Buenos Aires, Argentina.
Hoy es lunes 26 de junio de 2017 
Portada
Local
Región-Provincia
Argentina-Mundo
Deportes
Fallecimientos
Contacto
 

ARGENTINA-MUNDO

Un bonaerense quiere unir Ushuaia y Alaska en bicicleta
ya lleva siete meses de viaje y más de 7 mil kilómetros a pedal. Arrancó el 22 de julio desde el sur argentino y ya pasó por Tucumán llegando a Salta.

1/2/2013 | 10:21
LA PLATA, ene 27 (Por Damián Rodera, drodera@dib.com.ar).- El 22 de junio del año pasado Guillermo Federico Aimar, de 29 años, se lanzó a las rutas para emprender una aventura única: unir los 17 mil kilómetros que separan Ushuaia de Alaska, el extremo sur y el norte de América, con su bicicleta.

Pero ese sólo fue el paso formal, porque, en rigor, el viaje había empezado varios meses antes, precisamente el día en que puso fin al dilema que lo desvelaba: entregarse al impulso de pedalear como no lo había hecho hasta entonces o continuar en la seguridad de su rutina a riesgo de arrepentirse para toda la vida.

“Esto es como con la chica del colegio que te gustaba y nunca te animaste a encarar. Eso te sigue hasta el día de hoy. Y yo pensé: si no llego a hacer este viaje me va a quedar esa espina para siempre”, cuenta Aimar, que nació en Tucumán pero que a los pocos meses se radicó junto a su familia en el partido bonaerense de San Martín.

Así fue como este licenciado en Ciencias Políticas con maestría en la Universidad de Bologna decidió dejar las oficinas porteñas donde trabajaba para el Banco Mundial, vender su auto, tramitar las visas para Estados Unidos y Canadá y despedirse de novia, familia y amigos hasta algún momento.

“Con mi familia costó un poco. Tenían el miedo lógico de que te vas a la ruta, que la ruta es peligrosa, que hay gente mala, que cómo vas a renunciar al trabajo con el esfuerzo que te costó conseguirlo. Pero a medida que van pasando los meses lo van asimilando un poco más y se dan cuenta de que estoy haciendo lo que quiero hacer. La gente de mi edad cree que estoy loco pero cuando hablo con personas mayores de 50 me dicen que está perfecto lo que estoy haciendo, lo entienden desde otro lugar, con otra experiencia” cuenta Aimar en diálogo telefónico con DIB.

Lo hace desde una casa de San Miguel de Tucumán, adonde llegó invitado por una pareja de aficionados al ciclismo que vienen siguiendo su trayecto vía web (en Facebook: ver Proyecto Ushuaia La Quiaca).

Al momento de publicarse esta nota, Aimar estará recorriendo los valles calchaquíes en dirección a Cafayate, Salta. Lleva siete meses en la ruta y unos 7 mil kilómetros recorridos, exclusivamente a pedal, “para no traicionar el espíritu del viaje”, dice.

Para mediados de febrero tiene previsto salir de Argentina por el paso de Jama hacia Chile, atravesar el desierto en el norte de ese país e ingresar por el oeste a Bolivia. Afirma que antes tendrá que pasar por La Quiaca para dejar una bandera argentina que le entregaron en la Patagonia con esta dedicatoria: “Desde Santa Cruz para los hermanos del norte”.
Aimar ya atravesó la Patagonia, entró a la provincia de Buenos Aires por Carmen de Patagones, pasó a Entre Ríos, siguió a Córdoba, y de ahí a San Luis, Mendoza y Tucumán. Su ruta es un zigzag de puntos cardinales que responde en buena medida a las invitaciones que va recibiendo cada vez con mayor frecuencia.

El itinerario se va armando solo. “Cuando salí de Ushuaia quería pasar año nuevo en Cuzco. Me daban el tiempo y los kilómetros holgadamente. Pero vas conociendo gente, te invitan de un lado y de otro y la ruta va cambiando. Llevo una netbook y voy actualizando el viaje por Facebook. Y se fue armando una cadena increíble. En Salta, por ejemplo, me espera un chico que debe tener 15 años; le gusta mucho la bicicleta y le pidió permiso a la madre para que yo me quede en su casa”.

Las escuelas son el otro mojón que jalona su ruta. “Voy haciendo un libro de viaje pero no lo escribo yo. Voy a las escuelas y le propongo a los chicos una especie de negocio: ellos me cuentan en este libro cómo es la vida ahí y yo les cuento cómo es viajar en bicicleta. Y así lo van escribiendo y leyendo los chicos de las escuelas que visito”, cuenta.

-¿Cuál fue el tramo más duro hasta ahora?

-Los dos extremos, el sur y el norte. En la Patagonia fueron muchos días de frío y nieve porque salí en pleno invierno. Mi receta fue ir a una velocidad suficiente como para que el cuerpo entre en calor y no tener frío pero no tanto para transpirar porque esa transpiración hace que te dé hipotermia. Entonces vas con un justo equilibrio, en un paisaje muy bello pero donde no hay nada en kilómetros y kilómetros. También vas concentrado porque la ruta está congelada y te podés pegar unos palos terribles. Y en el norte, en La Rioja, llegué a pedalear con 55 grados.

-¿Tomás alguna precaución especial para viajar?

-En principio trato de no pedalear de noche. En Ushuaia se hacía de día a las nueve o nueve y media de la mañana y de noche a las cinco de la tarde, así que ahí pedaleaba todo lo que podía. Pero mi rutina normal es estar arriba de la bici a las siete u ocho, pedalear hasta las 11.30, parar a comer algo, y seguir hasta las cuatro o cinco de la tarde. A veces te pasás todo el día en la bicicleta sin darte cuenta.

-¿Cómo te arreglás con el agua?

-Es muy importante. Yo llevo un purificador que me permite tomar agua en cualquier lado. Me pasó en un tramo de 50 kilómetros en el norte; me quedé sin agua un día de terrible calor. Llevaba cuatro litros y los tomé en los primeros 20 kilómetros. Estaba muerto de sed y encontré en la ruta unas botellas de agua, estaba caliente, un asco, pero me ayudó.

-¿Tomaste el agua para la Difunta Correa?

-Jaja, sí, pero ella sabe lo que es tener sed. Lo va a entender. Y a partir de ahí empecé a llevar seis litros de agua. Si andás con poca agua llevás otra carga, que no es física sino mental, porque estás pensando en que no te podés quedar sin agua y eso es un problema.

-¿Qué cosas son básicas para un viaje largo en bicicleta?

-Una buena bici es fundamental. Y conocerla muy bien. Una cámara de fotos y convicción. Nada más. La convicción es fundamental. Por ahí te agarra un viento en contra durante muchos kilómetros y decís: qué hago acá. Y ahí paro, miro la hora y pienso que tendría que estar en la oficina, y si estuviera en la oficina querría estar acá y no me importaría que hubiera viento en contra. La mente es así, va y viene. Lo único que mueve la bici es que sigas teniendo la convicción de ir para adelante.

“TE VAS HERMANANDO CON LA BICICLETA”

Aimar asegura que no conoce de bicicletas. “Yo conozco mi bicicleta, desde dónde va cada pieza hasta la presión que tiene cada tuerca. Y sé hasta dónde la puedo exigir”.

Afirma que, después de tantos kilómetros, “te vas hermanando con la bici”. “Es como un auto. Enseguida sabés cuándo le está faltando aceite a la cadena, detectás un ruido extraño, si son los conos o las bolillas, te das cuenta dónde está el problema”.

La bicicleta con la que piensa llegar a Alaska –Aimar calcula por lo menos dos años más de marcha-, tiene un cuadro italiano marca Bianchi hecho de una aleación de cromo y hierro que lo hace más liviano pero sin perder resistencia.

“Los componentes son bastante básicos para poder conseguir repuestos en cualquier pueblo si se llega a romper algo”, explica. (DIB) DR

 Publicar en Facebook    

 

 

HOY - Editorial Acontecer-
Director: Federico M. Silveira
Coronel Dorrego 584
Tel: 02475-433469 Cel: 02474-15-564814
Rojas, Buenos Aires, Argentina
EDICION N° 591
Registro DNA en trámite.
Desarrollo del sitio: El Portal SH 2012. Todos los derechos reservados.